Opinión | Espectráculo

Poesía plebeya

Imposible dar cuenta en estas líneas de la variedad temática y estilística de los poemas de Brecht a lo largo de su agitada trayectoria

Recuerdo que, en una ocasión, le pregunté a José F. A. Oliver quiénes eran, para él, los poetas en lengua alemana más importantes del siglo XX. Me contestó que él veía tres indiscutibles: Bertolt Brecht, Gottfried Benn y Paul Celan. La BBC de la poesía alemana, podría decirse. En cuanto a Celan, no pude sino coincidir, y respecto a Benn, me faltan elementos de juicio, pues apenas lo he leído, supongo que porque su cercanía al nazismo me lo hacía antipático de entrada. Que Oliver nombrara a Brecht me sorprendió, pues yo lo conocía sobre todo como dramaturgo, algo por otra parte común en España, donde su obra lírica apenas se había difundido. 

La casualidad hizo que, meses después, la editorial Galaxia Gutenberg publicara No pudimos ser amables. Antología poética (1916 - 1956), una amplia selección bilingüe de la lírica de Brecht traducida por José Luis Gómez Toré, poeta del que ya he comentado en esta columna algún libro y del que conocía sus notables traducciones de otros poetas en lengua alemana. 

Este libro, exquisitamente editado por Jordi Doce, pone al alcance de los lectores hispanohablantes una obra poliédrica y sorprendente, tanto más por cuanto no hay ningún equivalente claro en el panorama hispánico. Como explica Gómez Toré en su pertinente prólogo, Brecht creó una originalísima “literatura plebeya más que popular”, que recogía “los novedosos ritmos del habla de la calle, la urgencia de las ciudades, fuera de toda idealización”.

Y quizá ahí radique un poco la extrañeza que sus poemas pueden suscitar en los lectores de aquí, cuya visión de la poesía alemana está condicionada por autores tan idealistas e idealizados como Hölderlin o Rilke, ambos detestados por un Brecht que se complacía en escandalizar con un cinismo que pretendía subvertir el orden burgués germano, tan aparentemente correcto, que había llevado a la Primera Guerra Mundial y llevaría poco después a la Segunda. 

Verdadero “enfant terrible de la poesía alemana”, Brecht se dio a conocer desde muy joven con unos poemas que combinaban la sátira social con un gran dominio de la musicalidad, y que podía pasar de la obscenidad a la ternura en solo un par de versos.

De esta amplia antología me gustaron especialmente los poemas del Brecht más joven y fresco, protagonizados muchas veces por personajes marginales, como Hanna Cash, el célebre Mackie Messer o la “Balada de los bucaneros”, que para un lector de aquí es imposible no relacionar con la “Canción del pirata” de José de Espronceda.

Aunque de esa etapa mi poema favorito es la antimilitarista “Leyenda del soldado muerto”, que parte de la fantástica situación de que el káiser ordene desenterrar a un soldado muerto porque aún “guerra había para rato”, y que recrea cómo ese cadáver es de nuevo llevado a la batalla.  

Imposible dar cuenta en estas líneas de la variedad temática y estilística de los poemas de Brecht a lo largo de su agitada trayectoria, sobre todo desde que tuvo que huir de los nazis, para regresar quince años después a la República Democrática Alemana, donde falleció tempranamente. Una obra amplísima, que no era fácil seleccionar y menos trasladar al castellano, un reto del que Gómez Toré ha salido airoso, siempre fiel tanto al contenido como al matiz del original. 

En la lírica del autor bávaro, como en su teatro, hay siempre un elemento de contención y de quiebre, de poner coto a la emoción, que algunos han relacionado con los problemas cardiacos que, desde muy joven, lo aquejaron, pero que también se explica por su concepción vigilante sobre los discursos siempre dispuestos a engañarnos. En nuestros días, con tanta sobreactuación como nos encontramos, no está de más volver a su mirada fría sobre los motivos ocultos, pero solidaria siempre con los humildes.  

* Escritor

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