Opinión | Espejo convexo

Respeto

El odio de los gritos hacia el presidente son hacia todos los esfuerzos de construir un país en paz

Pedro Sánchez, este jueves.

Pedro Sánchez, este jueves. / EL PERIÓDICO

Ayer, tras asistir al acto institucional con motivo de la celebración de la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil en Cáceres, tras acompañar en un día tan señalado a un cuerpo cuyo agradecimiento quiero hacer llegar desde estas líneas por ser siempre fieles a su lema: servir y proteger. Tras él, al llegar a casa y abrir la red social X leí un tweet que citaba a Fernando de los Ríos y que decía «en España lo único pendiente es la revolución del respeto». En esos momentos podía conocer las diferentes crónicas de lo que había sucedido en el desfile por el día de la Fiesta Nacional en Madrid. Abucheos. Pitidos. Insultos. Mi país no es eso, no son ni abucheos ni pitidos ni insultos a las instituciones y a quienes democráticamente las representan.

Algunos, algunas, nostálgicos de tiempos negros, sabedores y soberbios de su incapacidad de revertir lo que el avance, la pluralidad logran de forma segura y satisfactoria buscan alcanzarlo con el contagio fácil del exabrupto

 Estoy convencida que la gran mayoría de vosotros estaréis de acuerdo conmigo. El odio y el desprecio que rezuman los gritos enfervorecidos hacia el presidente del gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez, son hacia todos los esfuerzos para construir un país en paz y en libertad que, durante tanto tiempo, tantos españoles y españolas han realizado. Nada más y nada menos, seguramente con sus actos y palabras busquen precisamente el protagonismo adquirido y que estemos ahondando el resto en el asunto no es más que aliento para aumentar sus decibelios, puede ser, pero debemos sentirnos en la obligación de denunciar, de repudiar estos hechos que únicamente conducen a la división del país, el odio envenenado hacia la libertad de pensamiento. Un demócrata jamás puede ponerse del lado de quienes denigran a sus representantes electos, el respeto debe estar por encima de todo, traspasarlo, directamente conduciría a una especie de panel derecho como en la famosa obra del Bosco. Algunos, algunas, nostálgicos de tiempos negros, sabedores y soberbios de su incapacidad de revertir lo que el avance, la pluralidad logran de forma segura y satisfactoria buscan alcanzarlo con el contagio fácil del exabrupto. 

Ayer, el día, las redes, los medios de comunicación, estuvieron repletos de fotos, y de otras crónicas, de otras. Ayer hubo un protagonismo femenino notorio. Permitidme que destaque uno: por primera vez en un desfile del Día de las Fuerzas Armadas, coincidiendo con el 35 aniversario de la entrada de la mujer en las Fuerzas Armadas, una mujer ha llevado la bandera de España, la paracaidista Carmen Gómez Hurtado, con ella lo hicimos todas. Un país que avanza. 

El panel central siempre es el más hermoso, difícil, complejo, ‘para la paz hay que sentarse, dialogar, pensar, ceder y llegar a acuerdos. Y eso cuesta mucho’ (ElMercader de libros, L. Zueco, 2020). Subió este fragmento una amiga a sus redes. Sus ojos, sus ganas. 

*Filóloga y diputada regional del PSOE