Opinión | Espejo convexo

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Ahora que contamos con la presencia de Haruki Murakami en España con motivo de los Premios Princesa de Asturiasen los que ha sido galardonado me viene a la mente un fragmento escrito por él y que dice: «Cerrar los ojos... no va a cambiar nada. Nada va a desaparecer simplemente por no ver lo que está pasando. De hecho, las cosas serán aún peor la próxima vez que los abras. Sólo un cobarde cierra los ojos. Cerrar los ojos y taparse los oídos no va a hacer que el tiempo se detenga».

Si uno atiende a la actualidad política y social, si uno lee que en Argentina la candidata por el partido liderado por Javier Milei, Lilia Lemoine, propone impulsar un proyecto para «renunciar a la paternidad» si te «pinchan» un preservativo o si asiste a las imágenes de la guerra que nos abre al mundo en canal, entiendo que alguien pudiese querer cerrar los ojos, pero como reza el fragmento, nada cambiará, y la equidistancia permitirá que la radicalidad extrema que provoca la sensación expresada por Martín Bianchi de «Apocalipsis Now» sea la que acalle los principios democráticos. Josep Borrell, esta semana en el Parlamento Europeo ha defendido condenar tanto los ataques de Hamas en Israel, como los del Gobierno de Netanyahu en Gaza: «Lamentar una tragedia no me quita fuerza moral para condenar otra, me la da». No puedo estar más de acuerdo con él. ¿En qué momento hemos decidido callarnos ante las injusticias para evitar qué? ¿La condena a la barbarie de una parte justifica la barbarie de la otra? 

«Nada va a desaparecer por cerrar los ojos», y «serán peor aún la próxima vez quelos abras». Impedirá, esta actitud, que podamos impulsar la realidad que vertebra la sociedad. La ilusión y la esperanza siempre vencen al miedo, siempre; Lieberman ante esto afirma que «es un arma de supervivencia» y puede, ¿qué importa si habremos hecho de este lugar un espacio mejor? Sin duda me quedo con la España que hace posibleque la industria espacial haga historia con el Miura 1. Y sí, están íntimamente relacionadas y son correlativos los hechos, hay quien se empeña en demonizar el estado de nuestro país, en destrozar el estado de ánimo, los avances, los derechos, para poder capitalizar la desazón, la apatía, la necesidad. Utilizar al vulnerable para justificar la tropelía.

Santiago Abascal dice que «son los socialistas extremeños quienes cometen un delito de odio contra su propio pueblo por acoger migrantes llegados desde Canarias». 

Abascal negoció el gobierno de Extremadura, consiguió su consejería, la cambió y la recambió, ¿cierra los ojos María Guardiola ante esto? ¿O prefiere el Partido Popular extremeño altavoz que diga su propia verdad? Utilizar la radicalidad para justificar la tropelía. 

La voz que impulsa es la que condena el odio, la injusticia, la que consigue que la tierra prospere. 

*Filóloga y diputada regional del PSOE 

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