Opinión | Espectráculo

Oliver en Cáceres

Oliver

Oliver / Goethe Institut

Hace casi tres años, hablaba yo en estas páginas de la poesía de José F. A. Oliver (Hausach, Alemania, 1961), resaltando el peculiarísimo caso de un poeta nacido en Alemania, hijo de emigrantes españoles, y que hoy es reconocido como uno de los mejores poetas actuales en la lengua de Goethe. Desde entonces, desde que escribí aquella columna, Oliver ha recibido más premios y reconocimientos, y desde 2022 es presidente del PEN-Club de Alemania. Ya en 2023, hace apenas un par de meses, la editorial sevillana Libros de la Herida publicó por fin en España una amplia selección de su obra, titulada Andalemania (Antología poética 1987 – 2022), que recoge 35 años de dedicación a la poesía, y con un estilo propio que, al contrario de lo que es habitual en tantos autores, ha ido volviéndose con la edad cada vez más arriesgado e innovador.

Desde la semana pasada, este escritor español (sí, español, pues siendo hijo de padre y madre malagueños, tiene pasaporte de nuestro país, y nunca quiso nacionalizarse alemán) se encuentra en una breve pero intensa gira de presentaciones de su antología, con etapas en Cádiz, Málaga, Sevilla y, el próximo martes 7 de noviembre, Cáceres, a las 19.30 h., en la Biblioteca del Estado Rodríguez Moñino/María Brey, antes de seguir ruta al día siguiente hacia Madrid, donde presentará en la Librería Alberti y, el jueves, en el Instituto Goethe de Barcelona, donde concluirá su recorrido.

Ignoro qué acogida tendrá la lectura de Oliver en una ciudad que, pese a aspirar a ser capital europea de la cultura, no me parece que muestre especial interés por la misma, o al menos por la literatura

La antología Andalemania, país imaginario de un poeta que se siente andaluz aunque escriba en alemán, una patria privada “que no puede existir y sin embargo existe”, reúne en sus más de trescientas páginas casi un centenar de poemas en versión bilingüe, y va dedicada por el autor a su madre, que falleció pocos meses antes de la publicación del libro. En una entrevista concedida hace treinta años, Oliver confesaba que no se sentía como un poeta alemán con orígenes andaluces, sino como “un poeta andaluz que se expresa en alemán” y que quisiera “entregarle a la lengua alemana la ternura, la locura, el sentimiento y la manera de ser de los andaluces”.

El reconocimiento del que goza actualmente José F. A. Oliver en Alemania no ha sido fácil de obtener: por más que sea dueño de un estilo rupturistae inconfundible, seguramente hubiera sido celebrado antes por la crítica germana si se hubiera llamado Schmitz o Bauer, y no digamos si hubiera nacido en Alemania del Este, en Dresde o Chemnitz. Gran defensor del multiculturalismo y de la integración de los emigrantes, Oliver y su familia, a lo largo de los años, han recibido amenazas e incluso ataques de energúmenos de extrema derecha. Su respuesta ha sido seguir escribiendo y viviendo de y para la poesía, por ejemplo con su festival LeseLenz, que va por su 26ª edición, por el que pasó incluso algún autor que luego fue premio Nobel, y que ha puesto en el mapa literario europeo a un pueblo de menos deseis mil habitantes, más o menos como Montehermoso.

Oliver descubrió Extremadura hace relativamente poco. Recuerdo cómo le impresionó el casco antiguo de Cáceres cuando lo vio por vez primera (“no me lo imaginaba tan grande”) y los restos romanos de Mérida. También el paisaje extremeño (“esa amplitud”). Ignoro qué acogida tendrá la lectura de Oliver en una ciudad que, pese a aspirar a ser capital europea de la cultura, no me parece que muestre especial interés por la misma, o al menos por la literatura. Es verdad que las aulas literarias de la AEEx se han devaluado en los últimos años, pero da pena constatar que a las lecturas de escritores conocidos no suelen acudir ni estudiantes de Filología ni profesores de esa carrera, con honrosas excepciones. Acudan los que acudan, el paso de Oliver por Cáceres el próximo martes quedará en el recuerdo de los presentes.

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