Opinión | Espectráculo

Masas y poderes

Manifestación contra la amnistía en Cáceres.

Manifestación contra la amnistía en Cáceres. / Jorge Valiente

En su famoso ensayo Masa y poder (1960), el escritor Elias Canetti distinguía entre los distintos tipos de muchedumbres yentre ellas mencionaba las “masas de acoso”, que serían las que se forman “teniendo como finalidad la consecución rápida de un objetivo señalado con precisión; se encuentra, además, próximo. Con decisión incomparable avanza hacia la meta, y es imposible evitarla. Todos quieren participar; todos golpean”. He recordado esas palabras esta semana con motivo de las concentraciones frente a las sedes del PSOE, las más violentas en Madrid, pero todas con violencia verbal similar. Como vivo por los Fratres, la otra noche me tocó escuchar desde mi casa los berridos de quienes insultaban frente a la sede socialista en Cáceres. 

En esas concentraciones, a las que había llamado antes Aznar y a las que convocó después Núñez Feijóo, a rebufo como siempre, se produjo en germen una fusión peligrosa: la del votante del PP de toda la vida, y la de grupúsculos que van desde las juventudes de Vox a energúmenos como el que gritaba, con el pecho descubierto, “yo soy nazi”, una y otra vez, o aquel que increpaba a los agentes diciendo que deberían haberlos echado al mar en Barcelona. Una gente (no voy a llamarla horda, como harían otros si fueran de otro signo) que recordaba a la variopinta tropa que asaltó el Capitolio en Washington o los que intentaron asaltar el Bundestag alemán cuando la pandemia. 

Curiosamente, trastocando los roles de moderado y extremista, fue Díaz Ayuso la que condenó esta vez con menos matices que Feijóo los actos violentos. Pero no vayamos a alabarla por ello, pues ella y el PP madrileño son quienes han incubado el huevo de la serpiente, blanqueando desde hace años a la extrema derecha y afirmando en su última campaña que, “cuando te llaman fascista, es que estás en el lado correcto de la historia”. Así, en ciertos ambientes, lo peor que se puede ser es “rojo”, y un nazi o un falangista es un buen chico al que se le va un poco la mano, ya se le pasará. Según Ayuso, el acuerdo entre PSOE y Junts implica entrar en una dictadura, pero pactar con Vox es fantástico.  

De momento, lo que hubiera debido ser una negociación que, por sus dificultades enormes, se observara con atención pero con respeto, ha sido algo que se tuvo que llevar con secretismo en medio de ataques tremendos y de hostigamiento. Como siga la cosa así, cualquier cargo socialista va a tener que empezar a temer por su seguridad, si no está temiendo ya. En cualquier caso, como en toda negociación donde los rivales parten de posiciones muy lejanas, todos han de hacer concesiones, y si aquí mucha gente se indigna por la amnistía, en Cataluña los independentistas recalcitrantes, como los de la CUP, ya empiezan a considerar a Puigdemont, quién lo diría, como un traidor o botifler, por haber renunciado a la vía unilateral. 

Da vergüenza ajena ver cómo quienes se consideran más patriotas mienten o adulteran sus principios para atacar al gobierno que detestan. Desde la jerarquía católica, que parece que excluye del perdón a los catalanes, a los empresarios madrileños que dicen que la amnistía ahuyentará a los inversores, cuando desde el propio Financial Times se había pedido hace tiempo ese camino. 

Me temo que las concentraciones y el acoso seguirán, pues hace tiempo que en este país la izquierda se manifiesta de manera educada, pacífica, incluso ñoña (recuerdo aquellas mareas blancas y verdes, a favor de la sanidad y la educación públicas, que de tan poco sirvieron), mientras que la derecha lo hace con un gozoso gamberrismo, como matones amedrentadores. Recuerdo hace una década a un par de jóvenes cacereños que hablaban de ir a manifestarse “para joder a Zapatero”, el mismo Zapatero que logró traer la paz al País Vasco. 

* Escritor