Opinión | Editorial

La inmigración cobra peso en la lucha contra la despoblación en Extremadura

La población de otros países repite el comportamiento del mundo rural más de medio siglo atrás: la salida hacia lugares en los que busca una nueva oportunidad, incluso en comunidades que tienen por delante el desafío de retener a sus propios habitantes

En cualquier otro contexto, a un aumento de poco más de un centenar de habitantes en el padrón de una comunidad autónoma apenas se le otorgaría relevancia. Cuando esa apreciación estadística se produce en una de las regiones más castigadas por la emigración, como Extremadura, fuerza a analizar si la mínima variación implica, de verdad, un cambio de tendencia.

Los 145 habitantes más que el Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de sumar en su última encuesta demográfica mantienen por encima del millón de personas el padrón extremeño. Al mismo tiempo, se pone de relieve la importancia de un factor cada vez más tenido en cuenta en los diversos estudios sobre el fenómeno de la despoblación y sus posibles soluciones. El peso de la población extranjera, esto es, de la inmigración comienza a notarse no solo en las grandes ciudades, también en las zonas más alejadas de los tradicionales ejes que marcan el desarrollo económico de España.

El Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona publicó el pasado mes de junio una investigación que incidía en este punto. Directamente se concluía que la inmigración era la única alternativa real a la despoblación. La emigración del campo a la ciudad que se aceleró, especialmente, a partir de la década de los años 60 del pasado siglo ha dejado un paisaje demográfico desolador. Miles de extremeños emprendieron la aventura, entonces, de labrarse un porvenir en Madrid o Barcelona, como polos de atracción principales.

La evolución económica de España ha permitido eliminar algunos de los factores que pesaron en ese movimiento masivo migratorio desde el mundo rural al urbano. Hoy, la pobreza que impulsó a tantos a hacer las maletas puede darse por superada. A pesar de las evidentes carencias que aún se mantienen en infraestructuras, el aislamiento de ciertas zonas también se ha roto. Tampoco existe la demanda a gran escala de capital humano de aquella España del “desarrollismo”, porque el mercado laboral se ha transformado.

La población extranjera repite el comportamiento del mundo rural más de medio siglo atrás: la salida hacia lugares en los que busca una nueva oportunidad

Desde 2018 se observa una cierta recuperación demográfica del medio rural en los municipios españoles de menos de 10.000 habitantes. El entorno rural se vuelve cada vez “más diverso y cosmopolita” con madres de origen extranjero y reagrupación de familias con hijos que contribuyen de manera significativa a la renovación generacional.

Hay nuevos residentes de Extremadura que provienen de otros países y, además, rejuvenecen una población altamente envejecida, elevando los habitantes en la franja de edad entre los 10 y 24 años. Bien puede encontrarse en estos nuevos pobladores el relevo generacional cuya falta afecta al empleo cualificado en sectores que van desde la tecnología al turismo o el cuidado de mayores, además de la agricultura y ganadería.

La inmigración representa un cierto revulsivo al desierto demográfico que afecta a comunidades como la extremeña. Desde luego, está lejos de ser aún una solución, porque el análisis detenido de los datos refleja que ese mínimo aumento de población de 145 habitantes se circunscribe solo a la provincia de Badajoz, donde se concentra la mayoría de industria de la región y, por tanto, la oportunidad de encontrar trabajo, la clave en lo que se refiere a asentar población.

En Cáceres, el declive no se ha detenido y se han perdido 103 vecinos en los últimos doce meses

En Cáceres, sin embargo, el declive no se ha detenido y se han perdido 103 vecinos en los últimos doce meses. El impulso en todos los sectores necesita estímulos públicos, sobre todo en las zonas más castigadas. De ahí la importancia que cobran iniciativas como la que lidera la Diputación de Cáceres de la mano de Portugal a través de la recién creada Asociación Ibérica de Turismo Interior con la creación de la red de Aldeas Históricas de la Raya en dos comarcas paradigma de las dificultades de desarrollo: Sierra de Gata y Las Hurdes. Los proyectos ligados al turismo sirven de dinamización y atractivo tanto para los propios como para emprendedores llegados de fuera, de otras provincias e incluso de otros países.

La población extranjera repite el comportamiento del mundo rural más de medio siglo atrás: la salida hacia lugares en los que busca una nueva oportunidad. Y la buscan en comunidades que tienen por delante el desafío de retener a sus propios habitantes, además de propiciar la llegada de trabajadores foráneos que reviertan la gastada pirámide demográfica extremeña.