Ha vuelto a suceder. El pasado puente de S. José se han formado peligrosas aglomeraciones en largas colas de visitantes para ver el cerezo en flor o el Real Monasterio S. Jerónimo de Yuste, por ejemplo. Cual vobinos Sísifos trashumantes que han de recorrer una milenaria Cañada Real anualmente y que, matemáticamente, han provocado un ligero aumento en el descendente número de contagios, tras las Navidades, lo que augura un empeoramiento por la llegada de la Semana Santa.

Nunca he hallado ese placer que experimentan quienes practican el turismo de masas, solo comprensible cuando el evento es único e irrepetible.

Los destinos turísticos provinciales por excelencia son el termómetro de los movimientos de viajeros en la región, cuyo cierre perimetral, supuestamente, contribuirá a reactivar nuestra maltrecha y necesitada economía, tanto en las grandes ciudades, como en los núcleos rurales. Aplicar las propuestas de estrategias sostenibles del turismo cultural de la UNESCO, marcará la diferencia entre la revitalización de nuestro territorio y una perversa explotación masiva de sus recursos.

Con más de 40.000 Km2 de superficie, 3.200 Km de senderos homologados, cascadas, casi 350 castillos, dólmenes, yacimientos arqueológicos, castros, cuevas, numerosos B.I.C... Esta espléndida oferta de patrimonio cultural bien merece disfrutarse y contemplarse de forma sosegada y, dadas las circunstancias, sin duda ahora mejor que nunca.

Tal vez es el momento de escabullirse y descubrir esos lugares menos visitados, también cercanos e idílicos como los que más, para tratar de evitar esa temida cuarta ola pandémica, que se intuye como una marabunta si procesionamos todos a los mismos sitios durante estos días.

De sobra se ha demostrado que el control de contagios está en nuestras manos y que, si todo va bien, el año que viene volverán a florecer los cerezos jerteños y veratos (cuya extensión da para distribuirse adecuadamente sin dañar); volverán a recorrer las calles los Empalaos; continuarán fluyendo las gargantas y cascadas y las rutas y edificios continuarán en el mismo lugar.

Mi experiencia en este sector confirma que aún nos quedan muchos rincones por descubrir en este paraíso nuestro. Como dice el eslogan: Todo lo que imaginas, donde no te lo imaginas.