ES ENFERMERA COLEGIADA Y HA TRABAJADO EN ESPAÑA Y VENEZUELA

Agustina sopla 107 velas en Plasencia

Vive en la misma casa en la que nació en 1916, rodeada de familiares

Dice que está «más tiesa que un ajo» y se siente «superior, fuerte y ágil»

Agustina sopla 107 velas en Plasencia

EL PERIÓDICO

Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Su familia la llama la McGyver porque no ha parado en toda su vida, «es muy emprendedora». Eso, a pesar de haber nacido en 1916, en plena Primera Guerra Mundial y haber vivido también la segunda y la Guerra Civil española. Pero Agustina González Nieto es optimista y alegre y, tras haber soplado sus 107 velas, asegura que está «tiesa como un ajo», que se siente «superior, fuerte, ágil» y no tiene ninguna gana de «irme parriba».

Ha cumplido 107 años el pasado 26 de noviembre y, manteniendo una tradición de años, ha soplado las velas con su sobrino nieto y ahijado Guillermo, al que le saca justo 70 años.

Lo han hecho en la misma casa familiar de la calle Sancho Polo de Plasencia en la que nació Agustina. Ahora, vive con una cuñada y está rodeada de familiares que la cuidan.

Agustina, con sus hermanos, en la casa familiar de Plasencia en la que nació y vive.

Agustina(centro), con sus hermanos, en la casa familiar de Plasencia en la que nació y vive. / EL PERIÓDICO

Nunca se casó porque, según explica, era «muy exigente. Yo les miraba de arriba a abajo y decía: este mostrenco para mí no». Pese a esto, ha formado parte de la asociación de viudas porque «soy viuda del amor». No lo dice con pena, al contrario, subraya que siempre ha sido «libre como el cuco» y «nunca me he encontrado desgraciada».

Ha repartido su amor a su madre, hermanos, sobrinos y otros familiares y ha tenido una trayectoria profesional prolífica.

Desde los 8 años, en que comenzó a trabajar como recadera para los soldados del cuartel militar, para ser después la aguadora de un matrimonio que vivía en el piso superior de su casa familiar.

Agustina, celebrando su cumpleaños en Plasencia, rodeada de familiares.

Agustina, celebrando su cumpleaños en Plasencia, rodeada de familiares. / EL PERIÓDICO

A los 18 años, trabajó como asistente en casa de unos parientes de Madrid mientras preparaba oposiciones y también de dependienta en un estanco; empleada de comedor y recepcionista en el Palace Hotel; sanitaria en un centro de alimentación infantil; costurera a domicilio y enfermera en el hospital antituberculoso de Piornal; en El Piñor (Ourense); operaria de la fábrica de embutidos Schafer en Caracas y camarera en el centro médico de Caracas; regente del cafetín de la compañía petrolera Chet; modista de la televisión venezolana gracias a la actriz Gladys Cáceres; secretaria, mecanógrafa y administrativa y enfermera fija y practicante hasta su jubilación en 1981 en el ambulatorio de Plasencia porque es enfermera colegiada. También fue la primera locutora de radio Nacional en Plasencia. «La primera vez, hablé lo que me pareció y les gustó», recuerda Agustina.

Agustina: 107 años y una memoria intacta

Ni balas ni tuberculosis ni covid para esta placentina

De la Guerra Civil, que le pilló en Madrid, señala que estuvieron «apretados». Trabajaba «en comercios, de ayudante... Me las apañaba para tener siempre alguna perrilla» y nunca se escondió en un sótano porque consideraba que, si una bala llevaba su nombre, no podría escaparse.

Tampoco se contagió de la tuberculosis de los enfermos a los que cuidó y pasó por el covid siendo la primera en salir al balcón de su calle a aplaudir y realizando retos y videollamadas familiares. Porque, aunque no puede salir de casa debido a sus huesos, «le traemos el mundo aquí», cuentan sus sobrinas Miriam y Gloria.

Agustina es una mujer inquieta y no dudó en apuntarse a la Universidad de Mayores de la UEx junto a su hermana Carmen. Recuerda como anécdota que, cuando la veían algunos estudiantes, le decían: «Ya vienen los frutos secos, pero yo les decía, secos somos, pero secos llegaréis a ser, si es que llegáis».

Pese a su edad, tiene una gran memoria, que le permite recitar poemas y cantar temas de antaño. Le encanta el folklore, de hecho fue muy amiga del musicólogo Manuel García Matos y ahora lo es de El gato con Jotas y fan de su electrojota.

Además, se mantiene con buena salud, sin colesterol ni problemas de tensión o azúcar. «Me gusta comer y tomarme un traguito de vino de vez en cuando», además de su plato preferido, los huevos fritos con patatas. Así que tiene claro que quiere soplar muchas más velas porque, como dice su propio nombre, «aquí estoy agustísimo»