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Obsesión con las colegialas

 

Camareras con uniforme de sirvientas, en un café de la ciudad de Osaka. -

Camareras con uniforme de sirvientas, en un café de la ciudad de Osaka. -

29/10/2017

La sociedad japonesa ignora los problemas relacionados con el sexo y la violencia infantil. No quieren hablar del asunto. Recién ahora estamos cambiando una ley que tiene 100 años. Hay mucha condescendencia», dice Shijoko Fujiwara, la presidenta de Lighthouse. Toma aire y prosigue: «En 1996, el primer Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de la Infancia criticó a Japón por su volumen de porno infantil. Fue una vergüenza para el país», añade. La presión internacional empujó al Gobierno a dictar una prohibición en 1999. «Pero a los japoneses les extrañaba que vender libros de niñas desnudas no fuera normal. Hasta ese momento no nos dimos cuenta del problema».

Se prohibió la producción y distribución de pornografía infantil, aunque no fue hasta el 2014 cuando se prohibió la tenencia. Aun así, la ley excluye el manga y contenidos similares como la infografía, considerados medios de expresión artística, pero donde está presente el abuso sexual a escolares, incluso en actos sexuales violentos.

«No es erotismo, es belleza»

Dentro del mercado artístico sobre la figura idealizada de la colegiala, destaca el fotógrafo Yuki Aoyama, que recrea en sus imágenes la obsesión que tiene por las chicas de secundaria. Ha publicado siete libros que están prácticamente agotados y ha vendido 70.000 ejemplares de su obra más demandada. Él asegura que no hace erotismo, sino «beauty [belleza]». «Cuando yo era estudiante de secundaria estaba rodeado de chicas con uniforme –explica el fotógrafo–. Me interesaban mucho pero no pude salir con ninguna, mi timidez me impedía hablar con ellas, solo las miraba desde lejos. En mis fotos intento viajar a esa época», se justifica.

En Japón la niña-objeto es una realidad en el ocio y la publicidad. La explotación del atractivo que despiertan las menores no solo se ciñe a la venta de su compañía, genera otro tipo de negocios como tiendas donde se vende ropa usada de las chicas, trajes de colegiala y prendas íntimas junto a una foto de la dueña, que se supone es una adulta con apariencia de niña. También triunfan grupos de música como AKB48 o Kamen Joshi, formados por niñas idolatradas por adultos que, además de asistir a los conciertos, pagan o compran grandes cantidades de cedés con el fin de adquirir los derechos que le permitan acceder a ellas para tomarse una foto o charlar.

«Algo necesario para los hombres»

Incluso existe una práctica muy extendida denominada Enjo Kosai, donde las menores ofrecen por internet servicios sexuales directamente a los clientes o, en ocasiones, mediante un intermediario. El periodista Tetsuya Shibui, lo tiene muy claro: «En Japón la atracción por lo joven es un hecho cultural, desde antiguo se ha comercializado con ellos. A los japoneses les gustan». Y respecto a la hipocresía que reina en la sociedad japonesa, señala que, a partir de la prohibición de la pornografía infantil de 1999, hay una mala imagen sobre este asunto. «El Gobierno japonés nos dio un mensaje señalando que esta práctica es incorrecta, pero al mismo tiempo la sociedad está pensando que es algo necesario para los hombres», lamenta el periodista. «Por ejemplo, los profesores y la policía, que son las personas que deberían dar ejemplo, también utilizan los servicios que ofrecen las chicas. Hay dos caras».

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