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ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

Maren Ade: "La base del humor está en el dolor"

La directora alemana se consagra con la aplaudida y premiada comedia 'Toni Erdmann'

 

Maren Ade, el pasado 17 de enero, en la presentación de 'Toni Erdmann' en Madrid. - JUAN MANUEL PRATS

NANDO SALVÀ
21/01/2017

Antes de que presentara 'Toni Erdmann' en el pasado Festival de Cannes, a Maren Ade solo la conocía la cinefilia más concienzuda. Hoy es masivamente reconocida como uno de los grandes talentos del cine actual, y la gran favorita, junto a 'Elle', de Paul Verhoeven, para llevarse el Oscar a la mejor película de habla no inglesa a casa.

Seguro que cuando estrenó la película en Cannes no se esperaba semejante éxito. No, en absoluto. Es que no tiene sentido: es una comedia que habla de cosas tristísimas, y encima dura casi tres horas. Intenté acortarla, pero me di cuenta de que si lo hacía la complejidad se perdería. Además, es un asunto de ritmo: con un cuarto de hora menos de metraje la película parecía más larga. O quizá eso solo sea una excusa, y lo que pasa es que fui incapaz de cortar nada. Me gustan las películas largas.

¿Quiso desde el principio hacer una comedia, o le salió así? Quería hacer una comedia y durante el rodaje estaba segura de que no me iba a salir. Varias veces le pedí perdón a mi productora. Le dije “Te engañé, te vendí una película divertida y me está quedando triste y deprimente”. Al final, sus momentos más graciosos surgen de la humillación o la desesperación. Y es que así es la vida, ¿no? La base del humor está en el dolor. El clásico tortazo.

¿Cómo se le ocurrió 'Toni Erdmann'? El punto de partida fue el personaje de Winfried, el padre, que en parte está inspirado en mi propio padre. Tiene un sentido del humor bastante alocado. Como Winfried, él también se pasea por la vida con unos dientes de plástico en el bolsillo. Se los regalé hace muchos años, me los dieron de regalo cuando asistí al estreno en Berlín de 'Austin Powers'.

Pero, ¿por qué decidió explorar la relación entre un padre y una hija? Las relaciones entre padres e hijos son fascinantes. Nuestros padres suelen tener una capacidad única para avergonzarnos incluso con el comportamiento más inocente, y es un misterio cómo lo logran. Y luego está su obsesión por que seamos felices. La felicidad está completamente sobrevalorada. Seríamos mucho más felices si no nos preocupáramos tanto por serlo.

No es una opinión muy distinta de la que Ines, la hija, expresa en la película. ¿Se identifica con ella? Bastante. En parte porque, como yo, trabaja en un entorno dominado por hombres. Pero sobre todo porque Ines tiene que ser hija, jefa, empleada… Ha de interpretar tantos papeles que ya no sabe quién es. En la vida real es difícil escapar de los roles que se nos imponen desde la sociedad y, sobre todo, desde la familia. De ahí que la película se pregunte: ¿y si un padre y una hija pudieran encontrarse de nuevo, como si fueran extraños, y empezar de cero?

Asimismo, padre e hija también funcionan como símbolos de un cambio de valores en la sociedad. ¿Era la idea? Sí. En la película, Winfried representa por un sistema de valores, el que encarna el idealismo del 68, que ya se ha ido casi por completo a pique. A mi generación ya no se le permite ver las cosas de esa manera. Tengo la sensación de que para nosotros las cosas se han complicado mucho, y es difícil saber a quién echar la culpa. Por eso es normal que nuestros padres nos parezcan marcianos.

Pasaron siete años entre 'Toni Erdmann' y su anterior película, 'Entre nosotros'. ¿Por qué tanto tiempo? Pasé casi cinco años pensando 'Toni Erdmann'; rodarla me llevó un año; para montarla tardé uno y medio, y mientras tanto fui madre dos veces. Y soy muy lenta. Con suerte, hare cuatro o cinco películas más en toda mi carrera. Es una pena, pero es así.