Es verdaderamente complejo poder ofrecer una sola causa de los motivos por los cuales una persona se lanza a dañar bienes ajenos, pero el sociólogo Domingo Barbolla, por los conocimientos obtenidos a través de sus trabajos, aventura a definir el más importante y habitual; un fallo de inserción en la sociedad. «Los seres humanos convivimos a través de unas normas que nos parece que tienen sentido, pero hay sujetos que las incumplen», sitúa Barbolla, que plantea esta pregunta: ¿Por qué lo hacen? Porque no se sienten parte de la sociedad en la que viven.

Para explicarlo de una forma sencilla, el sociólogo pone el ejemplo de un trabajo que llevó a cabo en 2005 en Francia, cuando inmigrantes marroquíes quemaron 25.000 coches. Las razones que encontró para que cometieran estos actos vandálicos sobre bienes privados y no públicos, fue que el gobierno francés protegía y ofrecía muchas ayudas a este colectivo, sin embargo, los particulares tenían conductas racistas que no permitían su integración en sociedad.

Así mismo, en el caso de España, el hecho de que se dañe el patrimonio cultural o mobiliario público yace de una rebeldía contra la sociedad y no entre iguales. Es decir, no se sienten arropados ni protegidos y por consiguiente no sienten lo que dañan como suyo.

«La rebeldía no surge por el cambio de la sociedad, sino porque perciben que no encajan en ella»

«La educación es una cosa significativamente manida, que no soluciona nada», justifica Barbolla. Lo único que puede hacer que este vandalismo o estas conductas violencias cesen es crear una «sociedad igualitaria». Esto se conseguiría mirando con perspectiva de futuro y dando las posibilidades de que cada uno «fuera lo que el quisiera, pudiera desarrollar sus cualidades, tener una profesión que ofreciera una vida digna, independencia, tener hijos...».

Patrones

Un sujeto con cierta edad y encaminando su vida, a no ser que haya dedicado toda su trayectoria vital a la delincuencia, es complicado que mantenga estas conductas. Por lo que, normalmente, suelen ser jóvenes, que no han encontrado su lugar aún y sienten que no encajan dentro de las normas impuestas por la sociedad.

Además, son hombres los que suelen expresar sus frustraciones por esta vía, las mujeres lo hacen, por norma general, de maneras más sencillas. Y, salvo en el ámbito de los grafitis, donde se pretende mostrar una identidad propia, los actos vandálicos se dan en grupo, donde se sienten vinculados y se ofrecen libertad entre sí.