«Lo que yo he pasado no está pagado con nada pero por lo menos la Justicia ha tomado una decisión». Son las primeras palabras que expresa Mari Carmen Girol sobre la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) de ratificar la sentencia de la Audiencia de Badajoz que condena al Servicio Extremeño de Salud (SES) a pagarle casi 500.000 euros (486.461) en concepto de indemnización por lo que la Justicia aprecia como «una deficiente atención sanitaria y un error diagnóstico» en el Hospital de Llerena.

El calvario de Girol comenzó en 2016, cuando acudió al médico por unos intensos dolores de cabeza: «Me hicieron un TAC sin contraste y me pusieron un tratamiento contra las migrañas», explica. Con ese tratamiento estuvo dos años mientras su situación iba empeorando. «En octubre de 2018 empecé a tener la visión borrosa. Me llegaron a decir que era de cervicales, me pusieron un collarín que no aguantaba», rememora Girol. 

El diagnóstico

La chica, que por aquel entonces tenía 21 años, acudió a un fisioterapeuta privado de su localidad, Fuente de Cantos: «El fisio me dijo que eso no estaba en sus manos y que fuera al día siguiente al hospital, que estaba él allí. Ahí ya me vio el rehabilitador y por fin me derivaron al oftalmólogo y me hicieron un TAC con contraste. «Mari Carmen padecía hipertensión intracraneal, lo que hace que haya un líquido en el cerebro que le estaba empujando los globos oculares y de ahí que se estuviera quedando ciega. Nunca antes se le derivó al oculista, a pesar de que en las últimas semanas acudía repetidamente a urgencias para decir que no veía pero hasta llegaron a mofarse de ella», cuenta su abogado, Elías Lorenzana. «Todo ello a pesar de que por su perfil: chica joven, con algo de sobrepeso, era propensa a padecerlo. Estuvo dos años tratándose de cefaleas y más de un año con visión borrosa y perdiéndola paulatinamente. Con que un oculista la hubiera visto, hubiera saltado, porque se muestra rápidamente en los ojos», añade.

Cuando finalmente el oculista vio a la joven y le diagnosticó la hipertensión intracraneal, la derivaron rápidamente al Hospital Universitario de Badajoz donde fue intervenida de urgencia: «La presión del líquido iba subiendo y me mandaron a quirófano directamente porque me iba a reventar la cabeza», rememora Girol. «No solo perdió la visión sino que tuvo que enfrentarse a una operación de vida o muerte», añade Lorenzana.

Medidas

La Justicia considera estos hechos probados mientras que el SES, por su parte, en respuesta a este periódico sobre el caso, dice que no valora sentencias judiciales, solo las acata. 

Sin embargo, tanto Girol como su abogado creen que la sanidad pública extremeña debería hacer algo más: «A mi nadie me ha llamado pero yo sobretodo lo que quiero es que lo que me pase a mí no le pase a nadie más y estos médicos siguen tratando a la gente. Y mi caso no es el único que ocurre en ese hospital», dice la joven. «El SES no se ha dignado a pedirle disculpas pero tampoco a investigar o abrir algún tipo de expediente informativo para ver lo que ha podido pasar o si el proceder de esos facultativos fue el correcto», corrobora su abogado.

Lorenzana valora al menos el carácter de su defendida dentro de «todo lo negativo»: «Mari Carmen es una persona muy vital y ha asumido su condición de una manera que es ejemplo de superación. Ha acabado sus estudios y ahora se está preparando las oposiciones», señala. «La verdad es que al principio me costó muchísimo. Con 21 años me cambió la vida por completo, pero toca afrontarlo», expresa la joven por su parte. Girol subraya el apoyo que ha recibido por parte de la ONCE, a la que se afilió tras lo sucedido: «Me han ayudado muchísimo: con el bastón de movilidad, con el lector de pantalla para el ordenador, he hecho un curso para teclado también, porque al final aunque conozcas donde están las teclas te apoyas en la visión», narra.

Girol enfrenta su pérdida del 80% de visión con valor, pero lo más importante, tal y como ella reitera, es que casos como el suyo no se vuelvan a repetir.