EL SERVICIO EXTREMEÑO DE SALUD HA SIDO CONDENADO POR NEGLIGENCIA MÉDICA

54 años con una piedra en el ojo: la historia de esta extremeña da la vuelta al mundo

A Domi Garrido se le metió una piedra en el ojo mientras jugaba en la finca de su padre cuando tenía 8 años, pero los médicos nunca la creyeron

Ha perdido la visión izquierda y ha vivido un calvario por los dolores, hasta que con 62 años un oftalmólogo le hizo caso, la metió en un quirófano y le sacó la piedra

Este diario publicó la sentencia que obliga al SES a indemnizarla con 90.000 euros y desde entonces ha copado los medios internacionales

Domi Garrido posa junto a su abogado, el cacereño Daniel López Vivas.

Domi Garrido posa junto a su abogado, el cacereño Daniel López Vivas. / Lorenzo Cordero

Su padre ha trabajado siempre en el campo. Tenía una fina en Sartalejo (Cáceres) y a su hija, Domi Garrido, que ahora tiene 67 años, le encantaba ir allí a jugar. Una tarde, en 1964, cuando solo tenía 8 años, se entretenía con una amiga que vivía cerca de allí enredando con un sacho, le dio a una piedra, se partió y un trozo le saltó al ojo. Notó perfectamente como se coló por uno de los rincones. Empezó a sangrar. Enseguida la madre de su amiga sacó una palangana para lavarle la herida, pero no curaba. Comenzó a ver borroso así que su padre llamó al encargado de la finca para que les llevara en coche a Plasencia (entonces era el único que tenía vehículo para desplazarse).

En el centro de salud la atendió un oftalmólogo, a quien contaron los sucedido pero no les creyó. «Me dijo que era imposible. Me lavó el ojo, me lo tapó y le dio a mi madre un colirio para que me lo echara», recuerda. No se le curó. Pasó una noche con dolores intensos así que regresaron al día siguiente al centro de salud. Pero lo mismo. Nadie la creía.

A la semana desapareció la infección y los dolores calmaron, pero regresaron a los 15 días. Y así, en ese ir y venir de malestar, ha estado durante 54 años, hasta que en 2019 conoció al que ella llama su «ángel de la guarda»: un oftalmólogo que la creyó y la trató. Fue de casualidad. Una de las cientos de veces que acudió al centro de salud por dolores y malestar el médico decidió redactar un informe y derivarla a Plasencia, donde la atendió un especialista recién llegado. Fue el primero que decidió estudiar su caso (23 años antes, en 1996, uno de los especialistas que la vio llegó a observar esa piedra en un TAC, pero renegó de ella, pues pensó que se trataba de un quiste). Este, en cambio, le hizo pruebas. «Hasta entonces nadie se había dignado ni a mirarme», señala. Tras estar en su consulta, a los tres días la llamaron de Badajoz para seguir el caso y a los 15 la operaron para sacarle la piedra. Aunque ya para entonces había perdido la vista, pues la piedra había dañado la córnea y la esclera.

Trasplante de córnea

En realidad aquella operación no tenía como objetivo principal extraer la piedra (que le quitaron, medía tres milímetros), sino hacerle un trasplante de córnea y de esclera para conseguir aliviarle los dolores. Ahora su ojo ha recuperado también la estética, pues vuelve a tener color (estaba blanco). «He tenido una vida horrible. Sentía impotencia porque yo sabía lo que me pasaba y nadie me creía», comenta. Se ha pasado la vida trabajando en el campo, donde acudía siempre con el ojo tapado y el colirio y la pomada eran imprescindibles entre sus pertenencias. «Un calvario».

«Ha sido horrible. Sentía impotencia porque yo sabía lo que me pasaba y nadie me creía»

Este diario contó hace un mes su historia porque presentó un contencioso administrativo, asistida por el abogado cacereño Daniel López Vivas, para reclamar al Servicio Extremeño de Salud (SES) por los daños ocasionados. Y le dieron la razón: tendrá que indemnizarla con 90.000 euros. Pues bien, desde entonces, la noticia ha dado la vuelta al mundo. Domi, que reside en Montehermoso (Cáceres), ha sido protagonista de todos los medios nacionales y de muchos internacionales, entre ellos del New York Post, Mirror, RTL (Alemania), de periódicos latinos en México, Perú, Chile y Honduras e incluso de un medio chino. Su cara ha recorrido medio planeta. Se enteró por su sobrino, que vive en Londres: «Me llamó y me dijo que me estaba viendo en el periódico de allí. No me lo creía», cuenta. Y tras este inglés vinieron los demás. Tiene guardados todos los reportajes.

Así que ahora, cerrado el capítulo (este, porque ahora tiene otro en ciernes porque está esperando una nueva intervención que le pautó su médico en Badajoz para que puedan centrarle el ojo, pero la derivó a Plasencia, área a la que pertenece, y aquí se niegan a realizarla alegando que se trata solo de una cuestión de estética) ha retomado el libro que empezó a escribir hace 16 años, Mi vida en una piedra, en el que cuenta lo que ha sufrido. Es una forma de liberarse.

Mientras lucha esta nueva batalla en las consultas, ella se muestra satisfecha. Y sobre todo «tranquila». «Siempre le dije a mi madre (falleció antes de que le quitaran la piedra) que si algún día me hacían caso iba a ir a por todas. Estoy tranquila porque esto es la verdad. Me ha costado muchos años pero he conseguido que me quiten los dolores» afirma. De todo esto, saca un aprendizaje: «Hay que luchar por lo que crees, que no se calle nadie».