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Cartas al director

 

23/07/2019

Turismo de sol y playa

Una habitación con vistas al mar

Ara Palacios Alfonso // Zahínos (Badajoz)

La luna, plena y rebosante, derrama un reguero de serpentinas doradas sobre las olas. Saturno entra en escena. No quiere perderla de vista mientras sigue vertiéndose, generosa, sobre el inmenso tapiz gris plata.

A lo lejos, el pérfido horizonte se desdibuja para confundir al observador incauto sobre las lindes del cielo y el mar. A lo lejos... ¿qué dirán las corrientes al velero que pasa? ¿Qué contarán a la lengua de rocas que se interpone desviando la luz de la luna?

Grazna una gaviota solitaria. Un niño chilla en la sexta planta. La brisa fresca de la tarde trae palabras de la pequeña Babel hotelera. Suben canciones por la escalera de incendios. Inspiro. Noto el corazón a la intemperie.

Cierro los ojos. Cuando los abro, las luces de un trenecito turístico me saludan desde la carretera. Observo varios cuadros encendidos que guardan almas sedientas de azul. Otras almas duermen agazapadas tras persianas blancas. Quizá no duermen, sino que pasean por el puerto soñando amores que no son como la huella del cangrejo en la arena. Es inútil; esos amores no son hijos del verano.

Vuelvo a subir los ojos al mar ahora azul cobalto. Me siento pequeña. Me siento grande. No sé cómo mirar para llevármelo todo. No sé cómo guardar el mar en mi maleta. O esta ventana. Preguntaré en recepción, seguro que ellos tienen bolsas estancas. Preguntaré si me prestan estas vistas.

Aunque solo sea por unos días. Porque, en mi tiznado y anhelante Zahínos, tengo yo un patio con un puñado de estrellas que no se han mirado nunca en el Mediterráneo. Y una luna que no sabe dónde reflejarse. Y un cielo que, como canta Serrat, a fuerza de no ver nunca el mar se olvidó de llorar…

NOTICIAS BUENAS Y MALAS

Los telediarios

Pedro Serrano // Antoñán del Valle (León)

Todos sabemos que el número de noticias buenas es muy superior a las malas. Sin embargo, los telediarios se esfuerzan en hacernos creer lo contrario. Podríamos decir que los telediarios ya no informan: asustan. Bueno, asustan, angustian y deprimen. Yo hace algún tiempo que dejé de verlos y mi salud mental ha mejorado ostensiblemente.

Y es que, si un telediario dura, pongamos por caso, treinta minutos, los diez primeros los suelen dedicar a un repaso somero de la actualidad política y, los veinte siguientes, a bombardearnos sin respiro con una retahíla de desgracias que ocurren en España y el resto del mundo. Asesinatos, atentados, peleas violentas, alijos de droga, robos, abusos, violaciones… Y claro, si nuestros políticos ya asustan y deprimen lo suyo, solo nos faltaba que nos enumeren tres veces al día, con imágenes en crudo, las miserias de esta especie que ya camina erguida y que catalogamos como inteligente y humana.