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Cartas al director

 

20/11/2019

DESIGUALDADES

Las ‘malas madres’

Francesc Reina

Pedagogo

Allí donde Mónica y otras tantas duermen, el amor es tan importante como imposible. Subir los peldaños resulta una antología esencial que cuenta uno a uno cada error despeñado en palabras que intentan endulzar guerras que jamás se olvidan y que perturban la armonía. La esclavitud es algo extraño, los barrotes de sus vidas descubren sueños secos que estrangulan la esperanza de tiempos vencidos por la angustia, el estrés y la depresión. Las malas madres forman una coral de canción triste, un réquiem de fuego donde las ascuas se avivan con el recuerdo de sus criaturas que, huérfanas, reciben amor en otras familias o en lugares postizos, y que les pisan los pies desde que se levantan.

Últimamente se está dedicando tiempo a mujeres que reclaman, con razón, una maternidad digna: compaginar tiempo social, estudios, tareas domésticas, relaciones... Son nuevas madres que no deberían apropiarse de términos de otras y menos en connivencia con el apetito mediático que devora cuanto quiere.

En sociedades del espectáculo donde lo importante es cocinar el arquetipo de la culpa y cebarse con las pecadoras, son muchas las voces que se afanan por abrir rendijas y agitar anhelos inventando otras verdades. Ellas, las malas, se merecen respeto en sus espacios de equilibrio precario.

Las políticas sociales se crearon para compensar desigualdades y no para reproducir diferencias, ni alimentar inseguridades y hacer la vida más sostenible a los ricos. Lo social nace de un derecho vulnerado para ofrecer ayudas de calidad y acompañar a quien no puede. Para que no lo paguen las de siempre habrá que desenmascarar esa ideología que justifica las diferencias sociales apelando a capacidades individuales, camuflando con polvo su estatuto allá donde las frágiles ocupan el último lugar.

POLÍTICA

¿Tsunami democrático?

Javier Ortega de Maya

Santa Coloma de Gramenet

Pienso y creo que la cosa es para cuestionársela. ¿Qué tiene de democrático entorpecer el tráfico, fastidiar al ciudadano de a pie o al transportista ya fatigado? Como si la gente no tuviera ya bastante. Todos estos que se hacen llamar ingobernables ya están gobernados por quien mueve los hilos desde arriba, siendo simples títeres de los cuatro que están en la poltrona. Todo es un sinsentido, deberían parar y reflexionar y aprovechar las oportunidades que se les brindan. Hay trenes que pasan una sola vez en la vida. Y si aun así no se quedan conformes, que no molesten más al simple ciudadano. Empiecen ustedes por ser democráticos.

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