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cambio de discurso

El constitucionalismo de Iglesias

 

07/12/2019

El 41º aniversario de la Constitución llegó en medio de las negociaciones del PSOE y ERC para lograr una abstención de los republicanos que permita la investidura de Pedro Sánchez y la formación de Gobierno con el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, de vicepresidente. Con este panorama futuro encima de la mesa, el jefe de los morados ha pasado de exigir cambios en la Constitución a defenderla como mejor solución para frenar a la extrema derecha de Vox.

La relación del dirigente de Unidas Podemos con la ley fundacional siempre ha resultado complicada. La primera vez que acudió al Congreso de los Diputados para celebrar el aniversario de la Carta Magna fue en el 2015, cuando era europarlamentario y estaba inmerso en la campaña de las elecciones generales del 20- de diciembre.

Un año después, tras haber irrumpido en la Cámara baja como tercera fuerza, decidió no asistir al 38º aniversario de la Constitución. «Queremos que se abra un proceso de cambio constitucional capaz de dar respuesta a los grandes problemas de nuestro país», dijeron fuentes cercanas a la dirección morada. El partido envió a la entonces dirigente Carolina Bescansa y al actual secretario de Acción de Gobierno, Pablo Echenique, a representarlo.

En las dos últimas conmemoraciones, el líder de Unidas Podemos sí se presentó en los actos del aniversario de la Constitución. Sin embargo, utilizó aquella fecha para plantear reformas. En el 2017, días antes de los comicios catalanes del 21 de diciembre, puso encima de la mesa la idea de construir un «nuevo acuerdo» que hiciera que «ciudadanos de territorios diferentes con sentimientos nacionales diferentes se puedan poner de acuerdo para un proyecto colectivo». Al año siguiente, coincidiendo con la presencia del rey Felipe VI por los 40 años de la Carta Magna, enarboló el republicanismo que abandera su formación. Pero desde hace meses, ha aparcado la reforma constitucional. En este sentido, ayer, con un pie en el Consejo de Ministros, ensalzó algunos de los preceptos acordados en 1978 como el mejor «antídoto» contra la ultraderecha.