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PERFIL

De héroe contra el colonialismo a tirano

 

Robert Mugabe, en una imagen de archivo en el National Heroes Acre, en Harare. - EFE / AARON UFUMELI

Montse Martínez
07/09/2019

Casi cuatro décadas en el poder dan para mucho. Y 95 años de vida también. El fallecimiento del expresidente de Zimbabue Robert Mugabe (1924-2019), ayer en un hospital de Singapur, pone el colofón a la existencia de un mandatario capaz de luchar por la la libertad y la democracia para luego dedicarse a destruirla.

Cuando nació, en 1924, el actual Zimbabue todavía era Rodesia, colonia británica. Hijo de un carpintero, Mugabe creció en un país gobernado por blancos extranjeros y la lucha contra el colonialismo fue motor de sus primeros pasos en política.

Sus críticas a la gestión británica le llevaron a ser encarcelado más de una década. La falta de clemencia quedó de manifiesto cuando, estando en prisión, su hijo recién nacido falleció y no se le permitió asistir al funeral.

Salió de prisión convertido en líder de la independencia. Con fama de buen negociador a la vez que contundente, Mugabe fue labrando un perfil de cara a la opinión pública que le llevaría a ganar, con holgura, las primeras elecciones de la recién nacida, en 1980, Republica de Zimbabue.

Sus interlocutores se referían a él como «el hombre de la guerrilla que piensa». El Mugabe de entonces, que abogaba por llevar a toda la población derechos como la salud y la educación, distaba aún mucho del tirano que, poco antes de ser despojado del poder por un golpe de Estado en el 2017 a la edad de 93 años, todavía clamaba que solo Dios podía sacarle de allí.

La promesa de reconciliación y democracia empezaba a diluirse en el mismo momento en el que el mandatario notó el auge de una oposición susceptible de hacerle sombra. La persecución y las torturas de los opositores pasaron a estar a la orden del día y, a pesar de ser ya un secreto a voces, no fueron condenadas por la mayoría de los países africanos, que preferían ver solamente al Mugabe líder anticolonialista. Como muestra están las reacciones a su muerte, muchos líderes africanos prefieren recordar su vertiente anticolonialista antes que la corrupción y el aplastamiento sistemático de los oponentes.

Desastre económico

Amén de la vulneración de los derechos humanos, Mugabe es responsable de llevar a un país próspero al desastre económico. Contribuyó a ello el episodio vivido en el año 2000 cuando, para granjearse simpatías preelectorales, orquestó que población negra destruyera y ocupara granjas explotadas por blancos. La inflación alcanzó porcentajes estratosféricos.

Asceta, Mugabe se vanagloriaba de no haber probado el alcohol. Se casó en segundas nupcias –su primera esposa falleció de cáncer– con Grace Marufu, con la que tenía tres hijos. El último de ellos lo tuvo con 73 años.