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En mi atalaya

Polvo somos

 

Rafael Angulo Rafael Angulo
04/03/2019

Pongo en su conocimiento que pasado mañana comienza la Cuaresma con el tradicional, histórico e inigualable Miércoles de Ceniza. Lo digo, más que nada, para que ampliemos nuestra información vital, partiendo de la base de que estamos al día del comienzo (y final) del Ramadán, el año chino del cerdo, el Día de Acción de gracias yanqui, las fechas de la peregrinación a la Meca (ida y vuelta) y hasta el Yom Kipur.

Ocurre, vamos digo yo, que Mahoma nos pilla un poco lejos (de momento); a los de la estrella de David mejor no mentarlos porque no tenemos ninguno cerca y el pastel de calabaza, el pavo y los pudding de castañas no logran introducirse entre nuestras memorables torrijas. ¿Torrijas? ¡Eso es un símbolo y lo demás son tonterías!

Todas esas respetables tradiciones foráneas no suman ni el tres por ciento de nuestra descreída sociedad que, se crea o no se crea, es heredera de la tradición cristiana que impregnó occidente de su cultura, arte, historia y vida (vida digna). Sin embargo, estamos en minoría informativa cuando somos mayoría social, aunque atisbo con optimismo un repunte de las torrijas (y lo que ello conlleva).

Que la Cuaresma, créanme, no es del color de la ceniza (aunque nos la pongan el miércoles), ni el ayuno es triste, ni la abstinencia una tragedia y la oración, la oración vale la pena. Cuaresma son cuarenta días para resetearnos en aras de nuestra mejor versión humana, un latigazo para reaccionar hacia lo bueno de nuestra alma.

Pero como la felicidad no está en el cuándo sino en el mientras, mientras llega el Domingo de Ramos (y sale la Sagrada Cena) seamos felices con poco (sobre todo los que nunca hemos tenido ocasión de probar lo mucho) y si del polvo venimos y al polvo vamos, entre polvo y polvo vayamos pasando (haciendo el bien, no sean mal pensados). Que yo no sé qué pasa que dónde encuentro insatisfechos, reprimidos y descontentos es en quienes no viven la Cuaresma; que mucho progreso pero la gente se encuentra difusa y desasosegada. ¡Y yo con la ceniza en la frente, pensando que para hacer torrijas y vivir la Cuaresma hace falta miel y muchos huevos!