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Cartas al director

 

11/01/2019

IN MEMORIAM

Don Santiago

Carlos González Méndez // Mérida

Hace unos días se celebró en la catedral de Badajoz el funeral por don Santiago García Aracil, arzobispo emérito de Mérida Badajoz. Fue una ceremonia digna, emocionante y en la que estuvieron las más altas autoridades de la comunidad autónoma, más de cien sacerdotes y un nutrido grupo de fieles.

Pero como nos suele pasar con frecuencia cuando nos despedimos de una persona a la que hemos sentido cercana, salimos de la ceremonia con un cierto sentimiento de culpa: tendría que haberle llamado, tendría que haberle escrito, debería haberle dicho...

Don Santiago fue un hombre de carácter que gobernó la diócesis como mejor supo. Nadie podrá decir que no se volcó en ella, en la atención humana y espiritual de los fieles a él encomendados.

Para mi mujer y para mi fue una persona cercana a la que debemos mucho. Nos enseñó el carácter diocesano, de comunidad, de familia de nuestra fe. Nos dio responsabilidad y total confianza para ejercerla. Siempre estuvo cercano y afable.

Era valenciano. Eso quiere decir un carácter fuerte, pero gobernar no puede ser contentar a todos. Siempre tuvo especial complicidad con los laicos, con sus hermanos sacerdotes podía ser más duro y cortante. Y fue especialmente beligerante en la defensa de derechos de la familia como la educación moral de los hijos y el papel y la importancia del profesorado de religión.

Debería haberle dicho.. debería haberle escrito… Debería... Don Santiago nos ha dejado una ultima enseñanza con su muerte, como el Cid en su tierra: no escatimemos el agradecimiento, no dejemos de decir a los que tenemos cerca lo importantes que son para nosotros, no esperemos a salir de un funeral para sentirnos mal por no haber hecho todo lo que nuestro corazón y nuestra cabeza nos decía.

REDES SOCIALES

Pendientes en exceso

Laura Roca // Barcelona

Hoy, hablando con unas amigas, me he dado cuenta de la dependencia que tenemos todos de WhatsApp. Para quedar con tus amigos, para conocer a alguien, para hablar con tus padres, incluso para conseguir un trabajo. Es la red social por excelencia y creo que nos está matando poco a poco. Porque si no contestas durante horas está mal, porque si no escribes con emoticonos estás mal, porque si no lees lo que escribe un grupo es que no tienes interés. Mantenemos una vinculación emocional tan grande con esta red que nos estamos cargando las relaciones personales reales por malentendidos en línea. Si WhatsApp se cae definitivamente, ¿entonces se acaba el mundo?

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