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Desde el norte

Mamá, quiero ser científica

 

Conozco a un padre de familia que, cuando nació su tercer hijo, acordó con su mujer coger él una excedencia para cuidar del pequeño mientras su mujer, funcionaria, volvía a su trabajo. Salió en televisión, por ser la excepción que confirma la regla, que la mujer, en general, sigue cargando con la labor del cuidado de los hijos en mayor porcentaje que el hombre.

Según una reciente encuesta del Club Malasmadres, eso se ha acentuado con la covid, ya que, ocho de cada diez mujeres se han quedado en casa cuando los hijos han tenido que guardar cuarentena por algún positivo en su centro educativo. Por eso, ellas solicitan más teletrabajo, vacaciones, excedencias o reducción de jornada y por eso ellas siguen llevando menos sueldo a casa y esto también ha empeorado con la covid, según destacan los sindicatos.

Con estas mimbres y este ejemplo en la familia, no parece fácil que muchas niñas le vayan a decir hoy día a sus padres eso de «Mamá, quiero ser científica», emulando al «Mamá, quiero ser artista», que cantaba Concha Velasco.

Se ha celebrado el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia y es cierto que, desde el Gobierno Central, con su campaña No more Matildas y desde los centros educativos, colegios, institutos y universidad, se visibiliza cada vez más esta rama del estudio y, sobre todo, el mensaje de que las niñas pueden ser científicas si ellas quieren, con entrevistas y ejemplos concretos de las que lo son y lo fueron.

Pero esto no basta, sobre todo también porque en muchas ocasiones las campañas no perduran en el tiempo. Lo primero, como siempre, debe estar en casa, en la educación de la familia para que una niña no piense que no puede estudiar y tener la profesión que elija, pero el mayor cambio debe ser social y debe contar con la ayuda real de las instituciones para que las niñas no vean el hecho de ser mujer o de ser futuras madres como un lastre para sus carreras.

Si en la práctica, y estas niñas lo están viendo con la covid, la mujer es la que tiene que quedarse en casa, la que no puede acceder a ascensos porque no puede hacer horas extras, ni viajar, si la conciliación no es efectiva, se lo pensarán mucho antes de decantarse por la profesión de científica.

O quizás también, el ver a sus madres sacrificadas sea un revulsivo que les haga rebelarse y pelear como otras hicieron para que su futuro sea mejor. 

*Periodista