Estamos a finales de julio, hace un calor considerable y muchos querríamos estar ya de vacaciones (qué bien vivían los profesores de la generación anterior a los que era imposible que les pusieran, por ejemplo, un consejo de departamento el 27 de julio) pero en cambio Pablo Casado no está cansado. Ahí sigue, inasequible al desaliento, disparando disparates o aplaudiendo a los de sus amigos. Este lunes se lució en Ávila, en una jornada para la preparación de la Convención Nacional del PP sobre Concordia y Constitución (las siglas de tan pomposo evento se parecerán a las que llevaban los deportistas de la antigua URSS: CCCP). Ávila es la provincia donde el PP suele obtener mayor porcentaje de votos, y es lo que pasa cuando algunos están en confianza: no se cortan, pues a ver quién va a atreverse a llevarles la contra. 

Dijo Ignacio Camuñas, ministro de la UCD que luego se pasó al PP y, tras un escarceo con Vox, regresó al PP, que «un golpe de Estado no es lo que ocurrió en 1936» y que «si hubo una guerra civil es porque el gobierno de la República lo hizo muy mal». Imaginemos, pues, los libros de historia que un gobierno PP-Vox recetaría para las escuelas: la Segunda República tuvo la culpa de la guerra civil por hacerlo muy mal, y a Franco no le quedó más remedio que levantarse en armas y empezar a fusilar, para luego hacerlo mejor. 

La verdad es que la República española, al contrario que la francesa o la italiana, no tuvo un periodo de calma y bonanza para consolidarse, sino que nació en un momento muy difícil, en plena crisis económica mundial, y rodeada de fascismos en ascenso. Lo de que lo hiciera muy mal habría que preguntárselo en primer lugar a la mitad de la población, las mujeres, que dieron un salto cualitativo, desde la obtención del derecho al voto a la ley del divorcio, entre otras cosas; también a los profesores y alumnos, con una inversión en educación sin precedentes; o a los jornaleros del campo, que comenzaron a salir del hambre. Eso sí, para la Iglesia católica y para una élite privilegiada, la República lo hacía de pena.  

Quizás semejante interpretación de Camuñas, tan innovadora, tuviera éxito y, así, en Alemania comenzara a enseñarse que Hitler triunfó porque la República de Weimar lo hizo rematadamente mal, pues la caída de ambas repúblicas tuvo muchos puntos en común; también que fueron periodos de gran esplendor cultural, español y alemán, seguidos de quema de libros y exilio de científicos, escritores y artistas. 

"Quizás semejante interpretación de Camuñas, tan innovadora, tuviera éxito y, así, en Alemania comenzara a enseñarse que Hitler triunfó porque la República de Weimar lo hizo rematadamente mal"

Casado quedó encantado de las lecciones que le dieron sus mayores, también de Rafael Arias-Salgado, otro provecto exministro que se pasó de la UCD al PP, y que no tuvo empacho en hablar de «Rutte, el holandés, que es un hijo de puta», refiriéndose al primer ministro de Holanda. Casado sonrió y terminó felicitando a ambos por ese «lujo de ponencias». Me dio curiosidad y hasta indagué si De Telegraaf o algún otro diario holandés se había hecho eco, pero supongo que en Países Bajos no interesan las bajezas seniles de un postfranquista. 

Con todo, y aunque tengamos intereses enfrentados en la cuestión de los fondos europeos, a Casado, aparte que debería chocarle que se insultara así al presidente del Partido Popular Holandés, no le vendría mal seguir en algún aspecto la ruta de Rutte, que ha mantenido siempre un cordón sanitario a la extrema derecha de Wilders, y conseguido que esta así se vaya desinflando. Pero Casado, en realidad, tiene más en común con Díaz Ayuso y está con métodos que van camino de superar a los de Orban. Si lo que ha hecho con Telemadrid es lo que harían con TVE, podemos prepararnos para una reescritura de la historia en toda regla si el dúo de los barbudos (Casado-Abascal, Abascal-Casado, no sabemos en qué orden) llega al poder en unos años. 

* Escritor