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El Periódico Extremadura

Antonio Galván González

Desde el umbral

Antonio Galván González

Amores

Hay por ahí gente que cree que esa capacidad de amar que cada uno de nosotros albergamos en nuestros corazones, nuestros cerebros y nuestras almas se va dividiendo en pequeñas porciones a medida que vamos haciéndonos mayores. Con el paso del tiempo, hay cada vez más personas a la que amar y, por tanto, el amor ha de repartirse entre más y más diminutas partes. 

Eso es lo que, más o menos, viene a defender la tesis de quienes piensan de ese modo un tanto cínico o pesimista. Sin embargo, otros tenemos claro que, al sumar años, el amor no se divide sino que se multiplica, que se eleva a nuevas y superiores potencias, que brota y rebrota mil millones de veces, que le salen nuevos esquejes y ramales, y que puede florecer con igual fulgor en los brotes que va acumulando en todo su tiempo, que evoluciona, nos perfecciona y nos enseña a querer cada vez más y mejor. Porque el ser humano no cuenta con una cantidad de amor limitada para dispensar. Y tampoco tiene por que ocurrir eso de que el amor se gaste o se rompa de tanto usarlo, como decía la canción. 

El amor puede crecer y diseminarse desde el momento en que nos rompen la barrera de la placenta y hasta el mismo óbito. 

Amamos como hijos, amamos como hermanos, amamos como nietos, y también podemos amar como sobrinos, tíos, primos y amigos. Pero amamos, además, como miembros de una pareja, y como nuevos integrantes de la familia de nuestra media naranja. Y amamos, si la vida lo permite y así lo decidimos, como padres y, más tarde, como abuelos. 

Para ello, es imprescindible que estemos dispuestos a amar y a extender y agrandar nuestros círculos amorosos. Y hay que trabajar también en el amor. No porque el amor no se exprese de manera espontánea, ni tampoco porque no pueda dar de sí por sí solo. Sino porque puede atrofiarse si no lo usamos. Y porque también es necesario alimentarlo, educarlo, regarlo, cultivarlo y dirigirlo. Y hay que saber que se puede amar de múltiples maneras. Y se puede amar de diferentes formas y con igual intensidad. 

Se puede amar de manera desbocada a tantos como haya que amar. Y se puede amar a cada uno de un modo distinto. Incurren en un error, creo yo, esos que aseguran que si se ama mucho a unos, se ama menos a otros. Porque se puede amar sin medida a todos pero de una manera diferente a cada cual. Porque el amor puede ser filial, paternal, fraternal, romántico, pasional, familiar, y hasta puede expresarse a través de las amistades más auténticas y verdaderas. 

Al amor no hay que ponerle barreras, ni pedirle el carnet de identidad, ni encorsetarlo. Hay que dejar que emane de un modo natural y alcance a todas las direcciones. Debemos abrirle las puertas para que tenga vías de acceso y salida libres. Y debemos saber que nada en la vida es tan importante como saber amar y saberse amado. Porque, si hay amor, todo se puede.

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