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El Periódico Extremadura

Mar Gómez Fornes

Una casa a las afueras

Mar Gómez Fornés

Lilas y patatas

Se acabó soñar con tener un Mercedes, te llaman a filas y verás las salas de tortura, las fosas y los bosques sembrados de minas

Donde hay un pájaro que canta no hay dolor, tan solo la resonancia de un piar y ese piar que no es más que el canto de ese pájaro se convierte en beso, una rúbrica en el aire. ¡Si pudieran hablar los pájaros!

Putin manda a sus hombres al gran cementerio que él mismo ha cavado, pero él solo ve altares y cánticos de victoria; envía corderos al matadero para retrasar su bajada al infierno, tocar fondo y evitar la incomodidad de apretar un botón cuyas instrucciones anda leyéndose estos días como quien lee el prospecto de un medicamento para uso veterinario. Es un animal.

Su odio se ceba con la condición humana. Es una clase de rencor soviético irrefrenable que se perpetua de generación en generación, un pueblo en el fondo, Rusia, proclive a la guerra. Algunos recuerdan de sus antepasados que su fe en el comunismo surgió a raíz del vuelo de Yuri Gagarin: “¡Hemos sido los primeros!” proclamaban, y en esa fe se educaron sin ser conscientes de la esclavitud en la que vivían.

El pueblo ruso… el mismo que reconoce haber sentido dolor por haberse perdido la Revolución y la guerra civil: “¡No hemos estado allí!”, lloraban, y en esa falsa melancolía se educaron y contagiaron sin ser conscientes del enorme monstruo que alimentaban.

Suelen decir que solo un soviético puede comprender a otro soviético; un pueblo del que dicen comparte una misma casa en la memoria, una sola memoria, la memoria del comunismo.

¿Podrá el pueblo ruso soportar por más tiempo la cronología del terror? Desde 2011 en que tuvieron lugar las primeras protestas al poder de Putin por haber cometido diversos fraudes electorales, pasando por las manifestaciones masivas del año 2012 en las que ya incluso hubo valientes que se enfrentaron no solo a Putin sino al partido llamado de “ladrones y timadores”, las movilizaciones han sido una constante, una herida por la que Rusia se ha ido desangrando en silencio hasta esta semana en la que la huida masiva de reservistas ha abierto millones de ojos que, por indolencia, permanecían cerrados.

Si los pájaros hablaran… en Rusia chillarían.

Dicen que el pueblo llano ruso está tan harto que a escondidas se mofa de los “rojos” y los “blancos”, les da igual quien gobierne, solo les importa que llegue la primavera para sembrar patatas y ver creer sus huertos: “¿Ha visto usted mis lilas?”

Dice Susan Sontag que el comunismo es el fascismo con rostro humano. En el Gulag los presos acababan comiendo el betún negro de los zapatos. A propósito, he leído un proverbio hermoso al respecto que dice “A Dios le salieron mejor las flores y los árboles que los hombres”.

Juegan a engañarnos con el mantra de que el futuro será hermoso, más hermoso y próspero. La utopía, esa palabra desterrada y con sabor a óxido. Ahora que llaman a tu puerta querido amigo ruso, es cuando sientes el temblor en la piel de tu corazón; hasta ayer ibas a tus asuntos, paseabas por las calles de Moscú de perfil, pensando en tu propia utopía del mercado, el paraíso del mercado, las últimas Nike… mientras Ucrania agoniza bajo la bota soviética. Pero ¡ay! esta semana te llaman a filas y corres hacia las verdes praderas de Europa. Se acabó soñar con tener un Mercedes, te llaman a filas y verás las salas de tortura, las fosas y los bosques sembrados de minas. ¿En serio creíste el discurso de las operaciones especiales militares? Bien, pues ahora te llaman a ti para que vayas a primera línea de trinchera a comprobar su alcance mortífero.

Ahora son vuestros niños los que lloran, vuestras novias las que se aferran al abrigo, vuestras madres las que se rasgan las vestiduras. ¡Vete y muere sin reproche! No será en balde, que la causa es firme cuando ha sido erigida sobre la sangre.

¡Cansaos de odiar por fin!

*Periodista

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