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Ramón Gómez Pesado

Un fraile en Serradilla

Desde su balcón natural, es el primero que ve cómo alcanzan los rayos del sol las copas de las encinas

Un fraile en Serradilla. El Periódico

Nadie puede asegurar a ciencia cierta cuándo se estableció en el pueblo, ni cuáles fueron las razones para ubicarse exactamente en el enclave en que se encuentra desde el primer momento que pisó los aledaños de esta bella localidad extremeña.

Bien es sabido y conocido por todos, el finísimo olfato que los monjes y frailes tienen para fijar su residencia en lugares bucólicos, atiborrados de quietud y paz espiritual en los que sólo puede sesgar el silencio, el sonido del agua de los arroyos, al dejarse caer sobre las duras piedras, a las que poco a poco moldea y da forma en su trayecto.

Y así hizo él, escoger un lugar ideal en la garganta paralela a la que alberga el castillo de Monfragüe, un sitio privilegiado para vivir. Él, desde su balcón natural, es el primero que ve cómo alcanzan los rayos del sol las copas de las encinas de la dehesa al amanecer, y cómo calienta el astro rey, en los canchos, los dormideros de los buitres que, bien temprano, comienzan a dejarse elevar en el aire, con sus inmensas alas abiertas, escudriñando, con su penetrante y agudísima vista, cada milímetro de terreno que se extiende bajo ellos.

También se percata el fraile, antes que nadie, de cómo los elegantes madroños comienzan a adornarse con sus frutos rojos, alternándolos con los ramilletes de campanillas blancas que serán su fruto el próximo otoño. Es, también, el primero en comenzar a percibir los hermosos tonos rojizos con que se tiñen las cornicabras en los días que preceden al templado invierno, y se camufla en la garganta que deja fluir el agua, apresurándose por los arroyos con fuerza, y observada por los antiguos molinos, a los que hace tiempo ayudaba en la molienda.

Observa el fraile, cada año, cómo los fresnos y los alisos se desnudan completamente en invierno y vuelven a vestirse en primavera, para inundar de un color verde nuevo las riberas que suenan y huelen a agua. Y ve cómo los durillos, valientes, se atreven a florecer en invierno, y dejan paso a las jaras y madreselvas que desplieguen, en abril, sus flores blancas, que sirven de adorno a los caminos que serpentean en todas direcciones, para introducir al caminante en una reserva especial de la naturaleza. Allí es donde todos los sentidos se percatan de los innumerables matices que llenan el aire de un olor especial, un sabor dulce, lleno de colores, de textura cálida y suave con un despliegue de sonidos increíbles que emiten, en mágica sintonía, el negro y brillante mirlo, y el pequeño herrerillo, y la adornada abubilla, el pinto estornino, y el zorzal, la perdiz, la tórtola y la paloma, y la bellísima oropéndola, que reparte su precioso e intenso color dorado entre pinos, encinas y alcornoques, enebros y quejigos.

Se percata, también, de la tímida cierva que esconde, celosa, a su cría tras los brezos y los morados tomillos, mientras descubre su figura el águila real, desde el cielo azul manchado sólo con unas pequeñas nubes blancas que se mueven.

Y ahora, a este sitio elegido por el fraile de Serradilla, se le concede el premio al mejor sendero homologado de España 2022, premio convocado, en su primera edición, por la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), derrotando a los otros nueve senderos finalistas de Andalucía, Galicia, Castilla la Mancha y Extremadura con los que tuvo que medirse al final. Hay que agradecer, sin lugar a dudas, a la Diputación Provincial de Cáceres y a la Concejalía de Cultura y Deportes del Excmº Ayuntamiento de Serradilla por su buen saber hacer, por descubrir a todos y dar a conocer un paraje maravilloso para compartirlo con los demás.

El fraile tenía razón en elegir este sitio, que ahora es premiado y lleno de muchísimas razones para descubrirlo en Serradilla. La semana pasada me ocurrió una anécdota, cuando paseaba, de vuelta hacia el pueblo. Un grupo de senderistas, que acudía a conocer el sitio por las noticias que se habían vertido en la prensa y en las redes sociales, llamaron mi atención para decirme que el sitio les parecía maravilloso, pero que no habían visto ni encontrado a ningún fraile. ¡Cómo que no!, les dije, ¡pero si está en el mejor sitio de la ruta y nunca se ha movido de allí, desde que vino al pueblo! Y quedé con ellos, a la mañana siguiente, para presentárselo.

*Ex director del IES Ágora de Cáceres

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