En el año 2013, un grupo de 20 voluntarios decidió crear la delegación del Banco de Alimentos de Cáceres para Plasencia y la zona norte. Desde entonces, han pasado por el colectivo 50 personas que realizan un trabajo desinteresado y que hoy continúan una quincena de manera regular. En estos diez años, la delegación del Banco ha atendido a unas 35.000 personas, a quienes ha repartido 2.000 toneladas de alimentos, a razón de 200 por año.

Loli Hernández, preside el colectivo desde el 2017 y fue su marido, Cecilio Marcos, quien lo inició con otros voluntarios y lo presidió desde el 2013 hasta su relevo. Hernández recuerda que el empresario placentino Abdón García Luis les cedió una nave para que fuera el almacén de los alimentos y sede del Banco y hoy continúan en ella.

Cuentan con 33 centros asociados de reparto y consumo y actualmente atiendan a unas 3.400 personas, repartidas en 1.000 familias. Según ha explicado Francisco Muñoz, voluntario desde los inicios del Banco, el 20% de estas personas tiene una situación "cronificada", mientras que el resto necesita alimentos de manera puntual.

No obstante, Hernández ha destacado que, si en los inicios la gran mayoría de los atendidos eran personas sin empleo, ahora la situación ha cambiado y son "trabajadores pobres", es decir, "que tienen trabajo pero no les llega el dinero, casi toda la gente que viene percibe algo, pero llegarían muy mal a fin de mes si no estuviéramos aquí".

Por eso, la presidenta subraya que la delegación "sigue siendo necesaria", más aún ahora con "la subida de la cesta de la compra" y cree que "no corre peligro".

Cambio en la forma de donar alimentos

Hernández explica que, desde la pandemia, se ha producido un cambio en la forma de donar, que dejó de ser presencial para pasar a ser en dinero en las cajas de los establecimientos, o a través de internet o el teléfono móvil.

Así, ahora tienen dinero en la cuenta, que utilizan cuando es necesario para ir comprando los alimentos. Pero sí ha advertido que faltan productos que antes llevaban personas a título particular o empresas, como "espárragos, setas, mermelada, pan de trigo, carne, todo eso ha desaparecido".

Muñoz recuerda que, cuando empezó, la idea era acudir dos horas a la semana y sin embargo "voy todos los días". De hecho, explica que su mujer enfermó y contrató a una persona para que la cuidara, de forma que él pudiera seguir yendo al Banco. "Me aporta todo, desde distracción a conversación, satisfacción personal y saber que estoy haciendo algo útil", destaca.

Santiago Redondo es otro de los voluntarios de más edad. Llegó a la delegación placentina hace más de siete años y se lo toma "como si fuese una obligación. Me levanto a las siete de la mañana y a las ocho menos cuarto estoy cogiendo el autobús para ir al Banco".

Con motivo de su décimo aniversario, el Banco de Alimentos tiene previstas algunas actividades, como conferencias sobre alimentación. La primera será este miércoles y será una misa oficiada por el obispo, Ernestro Brotóns, a las 19.30 horas en la iglesia del Salvador.