Mariano Rajoy avisó ayer a José Luis Rodríguez Zapatero del "colosal disparate" que supondría excluir al PP del consenso de la reforma estatutaria en comunidades que pueden acordar un nuevo Estatuto sin contar con los conservadores en los parlamentos autonómicos y en el estatal. El líder del PP recordó que supondría romper un consenso en el que siempre han estado los dos grandes partidos españoles, que no se ha roto desde la aprobación de la Constitución.

La advertencia la hizo Rajoy después de que un cónclave de presidentes autonómicos y líderes regionales del Partido Popular, reunidos en el monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), elaborase lo que denominaron la Declaración de San Millán, centrada en el debate sobre las reformas territoriales. La reunión también contó con la asistencia de Angel Acebes, secretario general adjunto, así como los portavoces parlamentarios del Congreso, Eduardo Zaplana; el Senado, Pío García Escudero, y la Eurocámara, Jaime Mayor Oreja.

Esta declaración elaborada en la reunión será llevada a la conferencia de presidentes convocada por Zapatero para noviembre y se utilizará, asimismo, como documento de trabajo en el próximo congreso del PP de principios de octubre.

LA MAYORIA DEL PUEBLO Los dirigentes territoriales del PP reclamaron a Zapatero que las reformas estatutarias se hagan por "doble consenso". Deberán contar tanto con el acuerdo de las fuerzas políticas de la comunidad autónoma cuyo estatuto se pretende reformar como con el consenso del Gobierno y la oposición en las Cortes, "que representan a la mayoría del pueblo español".

Rajoy tradujo ese doble consenso poniendo como ejemplo la reforma del Estatuto catalán y explicó que, aunque puede prosperar tanto en Cataluña como en Madrid por la suma de los votos del resto de los partidos, los socialistas cometerían un grave error, porque romperían "el gran consenso que ha existido desde 1978".

El secretario general del PP aclaró a este diario que el aviso no supone excluir la participación en las negociaciones que se lleven a cabo sobre la reforma de la Constitución, como es el caso del Senado, donde los votos de los conservadores son imprescindibles. "El PP no estará en la línea de o negociamos todo o no se negocia nada", destacó. De lo que se trata, dijo, es de precisar la posición propia y dejar que los socialistas asuman el desgaste político de romper el consenso sostenido entre los dos grandes partidos españoles.

COMPARECENCIA De hecho, los dirigentes regionales del Partido Popular acordaron exigir a Zapatero transparencia y claridad de ideas y objetivos. Sobre todo, que especifique qué quiere reformar, y cómo, cuándo, para qué y a cambio de qué va a hacerlo. En ese punto, Rajoy reclamó que el presidente del Gobierno comparezca en el Congreso para precisar sus planes.

PRESION AL EJECUTIVO Lo que no cuajó en el cónclave fue la idea de presionar al Gobierno paralizando las reformas en las comunidades autónomas que gobierna el Partido Popular. Cada presidente seguirá reclamando lo suyo en los próximos procesos negociadores.

De esta manera, se mantienen vivos desde el deseo de los alcaldes del PP de convertir en comunidades autónomas a Ceuta y Melilla, hasta la reclamación que hace el valenciano Francisco Camps de tener la potestad de disolver las Cámaras o generar el mismo déficit que Cataluña, pasando por el cambio de circunscripciones electorales que plantea la madrileña Esperanza Aguirre, las modificaciones fiscales que propone el balear Jaume Camps o la reforma del Senado que reclama Manuel Fraga.