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TRATAMIENTO DESTINADO A MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA DE PACIENTES INFARTADOS

Células madre para regenerar el corazón

El CCMI Jesús Usón ha tomado parte en el desarrollo de una terapia pionera para recuperar el tejido cardiaco dañado en personas que han sufrido un infarto agudo de miocardio La fase de investigación en humanos acaba de iniciarse

Eduardo Barajas
09/02/2015

 

El Centro de Cirugía de Mínima Invasión (CCMI) Jesús Usón de Cáceres ha participado en el desarrollo de una terapia pionera que emplea células cardiacas alogénicas --procedentes de donantes, en lugar de del propio paciente-- para reparar el tejido dañado de personas que han sufrido un infarto agudo de miocardio. En este proyecto, iniciado en el 2010 y que finaliza en marzo próximo, han colaborado 23 entidades de siete países.

El ensayo en humanos fue presentado recientemente en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Pero antes de dar este paso, como en cualquier otro tratamiento de este tipo, ha habido que realizar ensayos previos en animales que confirmen su seguridad y viabilidad. Y es aquí donde ha tomado parte el centro extremeño, al que le ha correspondido desarrollar "prácticamente toda la investigación preclínica", explica Verónica Crisóstomo, investigadora en Diagnostico y Terapéutica Endovascular del CCMI, donde ha sido jefa de este proyecto. De esta forma, los aspectos relativos a la efectividad de la terapia, las dosis adecuadas, sus vías de administración o las posibles reacciones del sistema inmunológico, se han realizado en la región.

Otras dos entidades españolas han contribuido también a esta fase preclínica, pero trabajando con roedores, mientras que en el CCMI se ha hecho con cerdos. "Desde el punto de vista de distribución de arterias coronarias su corazón es el más parecido al humano", detalla Crisóstomo, lo que da especial importancia a los ensayos realizados en estos animales ya que "hay un problema para extrapolar los resultados obtenidos en un ratón a los que se producen en personas". El corazón de un ratón, por ejemplo, pesa unos ochocientos miligramos mientras que el de un humano llega a los trescientos gramos, aproximadamente.

Tras administrarle las células madre al animal, mediante resonancias magnéticas se ha ido siguiendo la evolución de su corazón infartado, observando si conseguía recuperar tejido y funcionalidad. Y los resultados, explica Crisóstomo, "han sido muy buenos. Se ve regeneración del músculo cardiaco". Aunque esta regeneración no es total --"a día de hoy no hay ningún tratamiento que la consiga", precisa--, se ha logrado una sensible mejora de la función de bomba del corazón. De esta forma, si la fracción de eyección --el porcentaje de sangre que el corazón expulsa con cada latido-- en alguien que ha sufrido un infarto puede situarse entre un 30% y 35%, con la terapia se ha alcanzado un incremento de unos diez puntos porcentuales.

El perfil del paciente al que se aplicará este tratamiento es el de una persona que ha sufrido un gran infarto, con una afectación grave del tejido cardiaco y con mayor riesgo de padecer una insuficiencia cardiaca --este tipo de infartados representan el 20 % del total--. Si los resultados de la preclínica se repiten ahora durante la investigación en humanos, esta terapia permitiría a los pacientes "hacer una vida normal".

Crisóstomo destaca como una de las facetas más novedosas de este tratamiento el que hasta ahora la mayoría de las terapias celulares se han planteado buscando la regeneración de las células que se introducían en el paciente. Sin embargo, en esta investigación el objetivo es "la regeneración del propio corazón del individuo a través de células externas. El concepto es utilizarlas como factoría de factores de crecimiento". De hecho, las conclusiones del estudio llevado a cabo en el CCMI apuntan a que en tres o cuatro semanas estas células han desaparecido, lo que haría innecesaria la medicación inmunosupresora.

Precisamente, una segunda parte de este proyecto, en la que el centro comenzará a tomar parte ahora, consiste en recurrir únicamente a los factores de crecimiento --en lugar de a las células--, introduciéndolos en microcápsulas de liberación lenta, lo que evitaría los problemas de tener que cultivar las células madre, un proceso muy largo y muy costoso que, además, tiene que realizarse en laboratorios muy específicos.

 


 

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