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retrato de un EDITOR CONTROVERTIDO

Jann Wenner: Vida ‘rock star’

 

Jann Wenner: Vida ‘rock star’ -

POR JUAN MANUEL FREIRE
19/11/2017

El 9 de noviembre de 1967 aparecía la primera edición de Rolling Stone, en formato periódico y con el Monterey Pop Festival como centro de su sumario. Se ha cumplido pues, hace unos días, medio siglo de una mítica cabecera que supo embotellar y vender la contracultura de los 60 y absorber corrientes durante décadas.

El cumpleaños ha sido medio amargo: llega con la revista en busca de comprador (ya en otoño del 2016 se vendió el 49% de las participaciones al hijo de un billonario chino) y su fundador, Jann Wenner, con las manos en la cabeza por la biografía Sticky fingers: The life and times of Jann Wenner and Rolling Stone Magazine, encargada por él al periodista Joe Hagan.

Recién publicado por Knopf en EEUU, el libro es un retrato explícito de Wenner y la revista que creó, pero sobre todo Wenner, sin miedo al cotilleo y con declaraciones jugosas tanto del biografiado como de primeras espadas musicales: Mick Jagger, Bruce Springsteen, Paul McCartney y Elton John, entre otros.

¿Tiene motivos Wenner para estar molesto con Hagan? En palabras del editor, el libro es «fallido y de mal gusto», esto último ya evidente según él en el título, que podríamos traducir como Dedos pegajosos. Demasiado obvio quizá para un libro cargado de sexo (y drogas y rock’n’roll, el triunvirato clásico del cambio social de posguerra). Pero, según la crítica estadounidense y también el que este reportaje firma, Wenner debería estar agradecido a Hagan por el trabajo realizado: una biografía exhaustiva (de casi 600 páginas con fuente pequeña), escrita con evidente pasión por el sujeto abordado, investigada a conciencia y escrita con un estilo lejos de la mera formalidad y cerca de la alta literatura.

Como dice Dwight Garner en su reseña en The New York Times, «el editor de Rolling Stone probablemente esperaba una biografía que fuera el equivalente de un busto de mármol para colocar en el vestíbulo del Rock and Roll Hall of Fame (otra producción de Wenner)». No esperaba, seguramente, ser pintado como un hombre tan complicado, seductor, carismático, algo abusón, perfecto héroe de un oscuro biopic dirigido por Martin Scorsese.

Wenner fue intenso desde pequeño: según su padre Ed, un «tocacojones». Ed y su esposa Sim eran menos padres-helicóptero que padres a distancia. A la mínima que podían, enviaban a sus hijos a campamentos. Tras su divorcio, Jann Wenner se quedó con Ed y fue a parar a la escuela privada Chadwick, donde empezó a vislumbrar un futuro de oropeles: allí vivió rodeado de hijos de famosos; en noveno compartió habitación con Rock Yul Brynner, hijo de Yul Brynner, y asegura que su primera novia fue Liza Minnelli.

El proyecto

Pero fue gracias a otra novia, Jane Schindelheim, o mejor dicho, a los padres de ella, que consiguió parte de los 7.500 dólares que necesitaba para reciclar The Sunday Ramparts en Rolling Stone, un proyecto movido en un 50% por su sincera pasión por la contracultura y en otro 50% por su ansia de celebridad y poder. Escribe Hagan: «Comprendió que con las drogas y la libertad había fama, y también dinero (...). El periodismo fue su pase VIP a todo lo que esperaba poder ser».

La revista tuvo su época de gloria entre 1971 y 1977, cuando mezcló de forma vibrante las noticias del rock, el periodismo de extensión generosa, la opinión política de izquierdas (aunque Wenner rendía ambiciosa devoción al establishment) y piezas desde todos los ángulos sobre liberación sexual y las drogas.

En Rolling Stone, según la investigación de Hagan, no solo se escribía de sexo, drogas y rock’n’roll. Todo se experimentaba en primera persona y sin necesidad de salir de la redacción. En las oficinas de RS se vendía cocaína y, al parecer, gran parte de ella iba a parar a Jann Wenner. «Él era el principal cliente, pero también usaba gramos de cocaína como compensación para los empleados que le complacían», cuenta Hagan.

Según escribe el periodista, el apartamento de Jann Wenner y Jane Schindelheim, en la East 66th Street de Nueva York, contaba con una cara vitrina en la que había compartimentos secretos para sustancias ilícitas. Por el piso pasaban muchos famosos con ganas de diversión, como Mikhail Baryshnikov, John Belushi y el conocido consumidor de drogas Hunter S. Thompson, pluma clave de Rolling Stone por su cultivo del influyente periodismo gonzo. En las jornadas de cierre de 36 horas, Jann Wenner empezó a principios de los años 70, cuenta Hagan, a consumir cocaína para editar reportajes y portadas con frenesí. El protagonista de esta biografía es, queda claro, mucho más rock que muchas de las estrellas que ocuparon las portadas de su revista.

Pero la mítica fotógrafa Annie Leibovitz le quita protagonismo por momentos. En el libro, se insinúa que Jann Wenner, Jane y Leibovitz formaron un «triángulo de ambición y placer». El matrimonio se resquebrajó por los muchos líos del marido y de la mujer. En el caso de él, tanto con hombres como con mujeres. (Jann Wenner salió definitivamente del armario en los años 90 y dejó a su mujer por el modisto Matt Nye).

Según el libro, Leibovitz acostumbraba a acostarse con colaboradores. Las hojas de contacto podían dejar ver a la fotógrafa en situación íntima con modelos masculinos y femeninos. Cuando surgió la posibilidad de una posible entrevista con Fidel Castro, los redactores bromearon con la posibilidad de que el dictador fuera su próxima conquista.

A lo largo del libro, queda clara la aparente habilidad de Jann Wenner para crearse enemigos: Lennon, Paul Simon, Greil Marcus, el promotor Bill Graham… El primer caso es particularmente relevante, dado que el autor de Imagine era el ídolo máximo de Wenner. Con él llegó a un acuerdo verbal para publicar en la revista una entrevista exclusiva sobre el final de los Beatles. Sin embargo, acabó publicándola en un libro.