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Godoy, un extremeño en el exilio de París

Una interesante novela redescubre a este político, que desempeñó un excepcional papel en la historia de España.

 

Godoy, un extremeño en el exilio de París -

JUAN DE LA CRUZ GutiérrezJUAN DE LA CRUZ Gutiérrez 21/08/2009

La obra de Manuel Godoy , político extremeño de una impresionante y muy compleja trayectoria, redescubierto recientemente por el escritor José L. Gil Soto , a través de una interesante novela histórica, La Traición del Rey , pone de manifiesto la alta cualificación de un personaje que desempeñó un excepcional papel en la historia de España.

Solo el curso de los acontecimientos, como los que desembocaron en las gravísimas decisiones de Napoleón Bonaparte contra España, condujo a Godoy a un lugar probablemente demasiado injusto.

Pero las páginas de la historia, entre aciertos y errores personales, deja constancia de los hechos de cada cual. Más cuando, como en el caso del político extremeño, sus decisiones quedan reflejadas con unos perfiles transcendentales por los cargos y actuaciones que tuvo que adoptar.

La figura histórica del extremeño Manuel Godoy, el hombre con más poder durante el reinado de Carlos IV, que se esforzó en defender un país en medio de las intrigas y las deslealtades más crueles, revela la capacidad de acción, los recursos políticos y hasta una extraordinaria operatividad estratégica, además de su inteligencia, habilidad, diplomacia y esfuerzo para hacer frente, en plena juventud, a los altos designios que le fueron encargando los Reyes Carlos IV y María Luisa de Parma .

Manuel Godoy fue un hombre que se hizo a sí mismo con ese sentido de la responsabilidad que emana de la ambición, si bien, según los estudiosos, la relación afectiva con la reina fue el apoyo fundamental para su fulgurante carrera. Lo que no resulta óbice alguno para reconocer los méritos de los que hizo gala. Facultades que posibilitaron su incrustación en las más altas jerarquías del Estado.

Con numerosas responsabilidades desde la juventud, apenas ingresar en la Guardia Real, ganándose la confianza de los Reyes y, al tiempo, la envidia de la nobleza y los altos cargos militares y políticos, se encontró, de repente, en medio ese fenómeno imparable de los entramados de la política como persona de la más absoluta identidad de Carlos IV y su esposa.

Un nombre y una biografía de un extremeño apasionante, más allá del propio juicio que le destinan las circunstancias históricas.

Tras haber ejercido el máximo mando con las decisiones más comprometidas, a veces más que las de los propios Reyes, lo que demuestra su poder, lo que no pudieron la Corte, la política, los recelos y las conspiraciones españolas lo llevaron a cabo Napoleón Bonaparte y Fernando VII , los dos elementos decisivos en la caída y destierro de Manuel Godoy a París en el año 1808, en cuyo cementerio de Pere-Lachaise reposan sus restos.

Solo la impresionante avalancha de decisiones y acontecimientos en los que se vio envuelto, conforman una atención extraordinaria por la que merece la pena que todos los extremeños, puedan conocer de la figura de Manuel Godoy.

Un compendio de inquietudes del político extremeño que llegó a Príncipe de la Paz y Generalísimo, rango que creó exclusivamente para él el rey Carlos IV.

Dotado de grandes facultades y de una reconocida inteligencia y agudeza supo aprovechar con extraordinaria capacidad las puertas que le abrieron los Reyes hasta convertirse en el ser más envidiado, admirado y odiado de la España de su tiempo y que dirigió con mano de hierro.

Godoy dejó constancia del empeño en sacar adelante una serie de políticas reformistas, detuvo los efluvios de la Inquisición, que abordaría a riesgo de jugarse el pellejo y de que la historia se ensañara con su figura. Pero también influye, con notoria importancia, la época que le tocó vivir y ser el valido con más poder del antiguo régimen.

Un momento idóneo para recordar que el 15 de junio del pasado año el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara , descubrió una estatua en memoria de Godoy, en Badajoz, destacando su trabajo como político ilustrado y con gran preocupación por la educación popular.

Ya solo hace falta que 157 años después de su muerte Extremadura logre recuperar los restos de quien sirviendo al Estado soñó con ser enterrado en su tierra natal de Badajoz.