"El arte es un derecho". Esta es uno de los principios que ha acompañado a la galerista Helga de Alvear a lo largo de su trayectoria artística. Y precisamente sobre este principio se sustenta su museo. Un año ha pasado ya desde que el 25 de febrero de 2021 la ampliación de su templo del arte contemporáneo, uno de los referentes en la materia a nivel mundial, abriera sus puertas tras años de empeño y obras. Fue una de las inauguraciones más esperadas tanto en la ciudad como fuera de ella y así se ha demostrado en la respuesta del público y de la crítica. 

Tanto es así que en el día exacto del aniversario de la apertura, la coleccionista hace balance y se muestra «muy satisfecha». «El museo está lleno y es una maravilla ver que la gente lo disfruta después de tantos años de espera, ha sido fantástico ver que el público se interesa por el arte contemporáneo y que los niños pequeños de Cáceres van a los talleres», pone de relieve mientras sigue embarcada en la que reconoce es su «pasión»: su «galería» y «coleccionar». Precisamente, esta semana se encuentra en ARCO.

En esa línea, la galerista alemana destaca que «para generar una afición hacia el arte, primero hay que tener acceso» y por este motivo reitera su intención de que el espacio siga teniendo un acceso gratuito, una de las premisas que se ha mantenido a lo largo de este primer año. «El objetivo es que todo el mundo pueda enamorarse de las obras como yo, que puedan ver la colección y descubran lo enriquecedor que es el arte contemporáneo», sostiene. 

Un visitante recorre una de las salas con un Picasso en primer término. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Por el momento, en este primer año y según los datos que maneja el propio museo, más de 100.000 personas han recorrido las instalaciones desde su apertura. Se da la circunstancia en este caso que durante los primeros meses se estableció un cupo máximo por horas debido a las restricciones provocadas por la pandemia que reducían los aforos. 

Contrastan estas cifras con las que aporta la fundación sobre la evolución de visitas desde que abrió la Casa Grande hace una década, que al año recibía media de 12.000 visitas. En términos globales, solo en un único año el nuevo edificio ha recibido tantos visitantes como en los diez anteriores lo hizo el anexo de la Casa Grande. 

El nuevo edificio ha recibido en un solo año las mismas visitas que la Casa Grande en una década

En relación a la procedencia del público, en el ámbito nacional la mitad de las personas que han recorrido el museo son de la propia región (57%). Tras Extremadura, Madrid (13%) y Andalucía (6%) concentran el grueso. En cuanto a las visitas internacionales, la mayoría (19%) procede de Portugal, por delante del 13% de Alemania y el 10% de Francia. 

Una visitante inmortaliza la obra de Ai Wei Wei, que preside el vestíbulo del museo, esta semana. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Aparte de las visitas por libre, el centro ha organizado recorridos guiados para más de 8.800 personas y en cuanto a los talleres infantiles, han participado casi un millar de escolares de entre 6 y 12 años. También ha acogido actividades para al menos 300 personas con discapacidad. 

Dar vida a una zona degradada

Otra de las cuestiones en las que hace hincapié el museo tras un año activo reside en la imagen renovada que ha otorgado el edificio, diseñado por Tuñón y alabado por los expertos de la arquitectura, a un espacio que se encontraba degradada para el paso de ciudadanos y visitantes. «Ha transformado una zona a la que el turismo y los propios habitantes de Cáceres no miraba», expone en declaraciones Roberto Díaz, conservador de la colección desde que la fundación se instaló en 2010 en Pizarro.

Roberto Díaz, conservador del museo Helga de Alvear desde 2010. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

"El museo ha logrado transformar una zona de la ciudad a la que el turismo y los propios vecinos no miraban"

Roberto Díaz - Conservador del Museo Helga de Alvear

En esa misma línea, subraya que también ha permitido que se recupere el jardín, que por un lado conecta Camino Llano con Pizarro sin necesidad de entrar en las instalaciones y por otro, deja a la vista del viandante obras como el árbol de Rondinone o los restos del Azor. Aprovecha también Díaz para rebatir la creencia falsa de los que defienden que los museos son espacios en los que no hay movimiento. «No es algo estático, sino que está en continua transformación».

De momento, a Cáceres ya se han cedido 207 piezas de un primer lote y 56 de un segundo lote que donó la galerista en diciembre. El propósito es que en la ciudad descansen de forma escalonada todos los fondos, con más de 3.000 obras, y para ello ya se habilitan los edificios anexos como almacén. Falta tiempo aún para que esa realidad se materialice, pero ahora, un año después de alcanzar una de sus mayores aspiraciones, Helga confía en que el museo «conseguirá su objetivo de acercar el arte contemporáneo al máximo número de personas». «Esto acaba de empezar».