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Curso marcado por el covid-19

Claves de la vuelta al cole para un curso provechoso

Consejos para padres en un nuevo ciclo escolar en tiempos de pandemia, con la supervisión profesional del psicólogo Roger Ballescà

 

Un alumno haciendo sus deberes. - EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

CARME ESCALES
23/08/2020

Ante un nuevo curso cargado de incertidumbre, algunas ideas para transitar sobre ella con los mínimos efectos colaterales de una nueva temporada escolar marcada por el Covid-19.

1. Avanzarse a lo imprevisible.

Prever que habrá imprevistos es una buena manera de conjurarlos, siendo conscientes y transmitiendo a los hijos las diferentes posibilidades que pueden darse a lo largo del curso. Que la escuela pueda cerrar y pasemos a vivir lo mismo que ya vivimos, confinados en casa; que algún compañero o ellos mismos puedan contagiarse; que dividan en grupos al conjunto de la clase; que la escuela habilite espacios externos para organizar los grupos…. Todas las posibilidades serán orientadas para esquivar el virus. De llegar a contraer la enfermedad, también se puede explicar cómo se procederá. Se trata de avanzarnos a toda eventualidad.

2. Reconocer el malestar y acompañarlo.

La incertidumbre puede aún así, dar lugar a ansiedad. Por ello, habrá que estar atentos a las preguntas, comportamiento y actitud de los niños y niñas. Contrastaremos juntos la información que tienen, siempre sondeando sus preocupaciones y respondiendo a sus preguntas para acompañarles así en cualquier miedo o duda que puedan tener. Permitir la expresión del malestar con una actitud serena y comprensiva ayuda a su superación.

3. Organización de horarios.

Establecer de forma clara, en casa, las rutinas y horarios a seguir, que son imprescindibles para rebajar ansiedades también y una manera de contrarrestar la incertidumbre del nuevo curso. Horarios y rutinas ayudan a los adultos pero todavía más a los menores. Sobre todo en caso de un nuevo confinamiento es importante organizar el tiempo en cuatro partes básicas:

               1-Dormir. Fijar las mismas horas de sueño vayan o no vayan a la escuela.

               2-Tiempo de trabajo, tanto de la escuela, como de tareas de casa y ejercicio físico.

               3-Actividades conjuntas con el resto de la familia: comidas, mirar una película, lectura o juegos.

               4-Tiempo de libre disposición para las criaturas. Tiempo para hacer lo que deseen, jugar solos o en compañía, con la tecnología o sin ella. O aburrirse, si es necesario.

4. Tecnología para jugar y/o para estudiar

Para evitar el sobreuso de la tecnología por parte de los menores, está en manos de los padres establecer una regulación que incluya pactos. Dentro de una rutina saludable, debe haber un espacio para el uso de las tecnologías con el fin de distracción, siempre y cuando se trate de aplicaciones adecuadas a las edades de los niños y niñas, y encajadas en los horarios destinados a ello.

5. Priorizar orden de actividades.

Es importantísimo avanzar el trabajo antes que el ocio, haciendo que el tiempo de ocio, las actividades más placenteras y deseadas, sean el premio a la concentración en las tareas, al esfuerzo en el estudio o en los deberes. Avanzar lo más desagradable con la expectativa de hacer después lo que nos divierte como estímulo, siempre estableciendo pausas en el tiempo de trabajo. Y dejar ciertas decisiones a los hijos dentro de la consigna general marcada por los adultos: se pueden hacer los deberes antes o después de merendar, pero los deberes hay que hacerlos.

6. Cuando los padres deben hacer de maestros.

Partiendo de la base que los padres no son maestros, fijarse objetivos realistas, saber en qué sí podemos ayudar y en qué no. Hay que establecer un contacto cercano y continuado con el referente de los hijos en la escuela. También es imprescindible conocer el temario que trabajan y las tareas en las que se intentará ayudar en lo que sea posible. Hay que ser flexibles y adaptarnos a realidades cambiantes. Es importante alternar la ayuda con la autonomía cuando nos sentemos a su lado, hacerles seguimiento pero desde detrás. Otra recomendación es permitir y aceptar el error en el proceso de aprendizaje, reconocer con la criatura la dificultad de las tareas, motivarán a hacerlo mejor. Los padres deben ser tolerantes con su propia inseguridad. Reconocerla les ayudará a no acabar diciendo lo que no se desea decir. Y hay que pensar en no decir nunca a un hijo o hija lo que nunca diríamos al hijo o hija de otro.

Para padres que teletrabajan y deben compaginar la atención a sus hijos, una buena manera de resolver esta combinación es fijar, por ejemplo, a primera hora del día un tiempo de atención a ellos, incluso un tiempo de juego, conversación o distensión a primera hora, que sirva para nutrir su necesidad de estar con los adultos. Será más fácil después separarse un rato para trabajar y concentrarse, antes de volver a encontrarse en la distensión.

7. Momentos de bloqueo y dificultad.

Lo más indicado ante un bloqueo es parar, retroceder hasta el inicio y recomenzar. Lo mismo que hacemos cuando se encalla el cinturón de seguridad de un vehículo que, de nada sirve estirar forzando, hay que llevarlo a su punto de inicio y volver a mover con serenidad. Y es importante además establecer pausas para descansar cuando se hacen las tareas en casa, sobre todo si se debe volver a vivir días de confinamiento. Igualmente hay que establecer horarios para salir de casa, asegurar tiempo y lugares para practicar ejercicio físico y juegos en movimiento que también se pueden realizar en un interior, acompañados por videos que guíen su realización y técnica. Hay que tener en cuenta, además, que los niños regulan mejor las emociones a través del ejercicio en movimiento. Y, siempre en la medida de lo posible, hay que asegurar el contacto con el sol y el aire libre, un beneficio para la salud y muy indicado a nivel epidemiológico, pues cuanto menos recluidos, mejor, siempre cumpliendo las medidas de higiene y distancia física adecuadas.

8. Tiempo de ocio, también dejando lugar al aburrimiento.

Una de las observaciones de los profesionales de la psicología, pensando en los menores, es no caer en el furor de convertirlo todo en experiencia pedagógica, incluyendo el tiempo de ocio. Distraerse es necesario y el aburrimiento no es algo que deba asustarnos. Forma parte de la experiencia y es una puerta hacia la creatividad, hay que dejar espacios sin demanda de actividad que pueden dar lugar a nuevos juegos y nuevas formas de distraerse.

No hay que olvidar que de toda esta experiencia que vivimos todos por la pandemia también ellos y ellas, niños y adolescentes, también aprenderán, esta vivencia representa un gran aprendizaje de tolerancia al cambio y sobre nuevas formas de gestionar la dificultad.

9. Higiene y medidas de seguridad para no bajar la guardia.

Toda indicación de prevención de contagio debemos contextualizarla, explicar a nuestros hijos e hijas el propósito de las medidas para que no se baje la guardia. Es bueno, vayan o no al colegio o compaginen el estudio entre el aula y el hogar, continuar destinando espacios de tiempo para conversar sobre todo y sobre cosas concretas que les preocupen o que queramos saber, de todo lo que les concierne, qué les inquita o qué saben. Si ven a los padres tranquilos y dispuestos a dialogar, se abrirán a hablar con serenidad. En cuanto a los protocolos de seguridad, hay que ayudarles a entenderlos por su sentido cívico y hacerles partícipes de la protección de los más vulnerables, no como una mera restricción.

En resumen, la consigna general es mantener rutinas estables,  acompañar con serenidad el malestar, y ser flexibles, porque serán estos elementos los que ayudarán a transitar mejor por la incertidumbre. Y anunciar a los niños lo que puede pasar y las soluciones que se han previsto porque, si ya se ha previsto, en caso de terminar sucediendo, se vivirá con menos ansiedad.