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Una conclusión con altibajos

David Lagercrantz cierra la historia de Blomkvist y Salander

 

Una conclusión con altibajos -

MARTA MARNE BARCELONA
27/08/2019

En el bolsillo del cadáver de un mendigo aparece un papel con el número de teléfono de Mikael Blomkvist. La médico forense a cargo de su autopsia, Frederika Nyman, sospecha que hay algo extraño en torno a esta muerte –al cuerpo le faltan varios dedos y muestra unos rasgos desfigurados en su rostro, lesiones que puede percibirse que sufrió años atrás– y no duda en ponerse en contacto con uno de los periodistas más conocidos de Suecia para pedirle ayuda. Mikael recuerda poco después que en efecto conocía al fallecido, un misterioso hombre al que en pleno mes de agosto podía verse por las calles de Estocolmo con un enorme anorak a cuestas. No eran pocos los que sospechaban que sufría algún tipo de trastorno por la forma en la que se dirigía a los transeúntes en ocasiones. Como es habitual, Blomkvist acude a Lisbeth Salander a solicitar su ayuda. Ella siempre ha sabido escarbar en la red para proporcionarle información fiable. Sin embargo, cuando se presenta en su piso, puede ver que se ha mudado sin dejar rastro tras de sí.

Blomkvist no tardará en descubrir que la muerte del mendigo esconde un oscuro secreto acerca de su pasado que involucra de manera directa al actual ministro de defensa sueco. Una vez más, una novela de la serie Millennium mete el dedo en la llaga de la política nacional e internacional, y el desaliento que se percibe a nivel mundial en el momento presente se transmite a través del desánimo del propio Mikael con las últimas noticias que le ha tocado cubrir.

David Lagercrantz cierra la serie más famosa de la novela negra nórdica de los últimos años. Como ya sucedía en las entregas anteriores, los personajes son los mismos que en la trilogía original pero la voz difiere mucho de la de Larsson, motivo por el cual muchos de los seguidores iniciales no han conseguido engancharse a este nuevo planteamiento. Esto afecta también al enfoque dado a los protagonistas, y sobre todo al estilo de la obra. Si Larsson emulaba un tono periodístico que podía pasar por un reportaje, Lagercrantz deja a un lado el mimo por el texto para centrarse en la sorpresa a través de la trama. Para este libro escoge una narración en dos tiempos, en la que las aventuras de Mikael se sostienen gracias a las de Lisbeth. La investigación acerca del mendigo transcurre lenta en exceso, y la historia no funcionaría si no fuese por los golpes de efecto de los menos abundantes capítulos de Salander. Estos últimos están plagados de escenas de acción extremas y en algunos puntos incluso descabelladas. Pero ya sabemos que Salander no es precisamente un personaje reposado y tranquilo. El autor busca el ritmo propio de un thriller, pero se pierde entre entrevistas y diálogos que, pese a su fluidez, ralentizan la intriga a cada momento.

La trama de Salander y Camilla enlaza con las dos entregas anteriores en las que Lagercrantz recurre al trasnochado recurso de los hermanos gemelos. ¿Será Lisbeth la malvada o lo será Camilla? Una de las escenas más turbias de la novela, en la que entran en juego una plancha, una camisa y la espalda de un hombre, nos hará dudar de la titularidad de hermana perversa. Camilla hará todo lo que esté en su mano para tratar de acabar con Lisbeth, y pondrá a su servicio a los sicarios más sanguinarios y la tecnología más compleja para dar con ella.

A pesar de los numerosos contras de esta obra, el resultado final satisfará (y bastante, para qué negarlo) a los seguidores de Lagercrantz. Quizá no tanto a los de Larsson. Siguiendo con la línea de la serie, estamos ante una obra ligera con poca pretensión más que la de entretener. La lectura avanza sin descanso hasta la última página con un final que podría ser previsible en algunos aspectos, pero que Lagercrantz se preocupa de dotar de fuegos artificiales. Tan solo queda desear que con esta entrega se ponga punto y final a una serie con altibajos, pero que ha conseguido un número de lectores envidiable.

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