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«La imagen que está proyectando la SGAE no beneficia a nadie»

 

«La imagen que está proyectando la SGAE no beneficia a nadie» - JOSÉ LUIS ROCA

R. V. MADRID
03/03/2019

–¿Qué ha pasado y qué pasará en la SGAE?

–Ha pasado que una parte de los socios, una parte de las materias que gestiona la SGAE, se han apropiado de toda la organización y eso ha creado una división interna y unas malas prácticas. ¿Qué queremos que pase? Primero, que esas malas prácticas desaparezcan, y segundo, que se recompongan las relaciones. Porque las divisiones en sociedades de este tipo van en detrimento de todos. Una imagen como la que está dando la SGAE no beneficia a nadie; la situación puede beneficiar económicamente a algunos, pero como imagen de autores, creadores, intérpretes, etcétera, es mala para todos. Me gustaría que se pusieran al corriente de la ley y que hubiera una solución razonable. Me habría encantado que la SGAE le hubiera ahorrado al ministerio la petición de intervención al juez.

–¿Hay plazos?

–No, pero el juzgado está actuando rápido. El martes o el miércoles se cumple el plazo de 10 días que dio a la SGAE para recurrir.

–Paralelamente, el Congreso ha limitado al 20% el dinero que las editoriales pueden recuperar de la música de madrugada en televisión, la famosa rueda.

–Las entidades internacionales de gestión de derechos recomendaban un máximo del 15%. Lo que pasa es que con buen criterio los partidos políticos de la Comisión de Cultura decidieron ir por consenso. Hubo muchísimas presiones para que no se limitara esto y en un momento determinado el PP planteó subirlo un poco y los demás aceptaron el 20%.

–¿Esta limitación va a dejar a los insomnes sin música en la tele porque ya no será rentable?

–Por lo menos la limitará a cotas más razonables. Intentar argumentar o vender que la franja horaria de dos a seis de la madrugada debe llevarse el 70% de ese tipo de remuneración no es razonable. Y si el argumento es que esto favorece a la música española, ¿por qué no la ponen en horarios razonables?

–Y de paso se abre el abanico de artistas que salen.

–No voy a decir nombres, pero, cuando se renovó la junta de la SGAE con Hevia, una noche de insomnio me puse delante del televisor y estaba el mismo artista en dos cadenas al mismo tiempo. Y era de la junta directiva.

SEnDHay dos ejemplos actuales de que el artista quizá nazca pero sin duda se hace, J. A. Bayona y Rosalía, ambos formados en escuelas de difícil acceso y caras. ¿Una política cultural seria no debería poner más el foco en la formación y el apoyo al creador?

–Sin duda. La educación artística o creativa es cara y más a partir de cierto nivel, por ello habría que implementar becas para quien no pueda pagarla. No debería ser una formación elitista.

–Estos dos nombres han asestado un golpe definitivo al mito de que el arte se lleva en el ADN.

–Lo sabemos por el flamenco. Se forman ellos solos o se forman en grupo, pero un buen artista flamenco, por muchos recursos naturales que tenga, para llegar a ser un grande son muchos años de aprender. Alguien puede cantar flamenco bien con 20 años, pero seguro que a los 40 va a cantar muchísimo mejor.

–Separemos a Valtònyc del procés que lo ha adoptado. ¿Le parece que su condena fue un ataque a la libertad de expresión?

–Opinar sobre algo que ya está sentenciado yo nunca lo hago simplemente por una cuestión de respeto al poder judicial. Hay sentencias que nos gustan más y otras que nos gustan menos. Pero es verdad que siempre hay un territorio de fricción entre la libertad de expresión y algunas partes del ordenamiento jurídico, pero esta fricción creo que es inevitable, a veces para bien y a veces para mal. Pasa no solo con los casos que llegan a juicio. Ahora hay en Madrid una magnífica exposición de Balthus que ha generado fricción por su visión de la adolescencia, una polémica causada por esta ola de puritanismo que nos invade y que viene sobre todo de Estados Unidos y de la extrema derecha europea. Territorio de fricción con el arte siempre lo habrá porque el arte tiene algo o puede tener algo que moleste al poder o a ciertos sectores de opinión. El problema es cómo se manejan esas fricciones. Unas veces se manejan bien y otras mal.