+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

«Los asesinos en serie se sienten obligados a matar»

 

«Los asesinos en serie se sienten obligados a matar» - DAYNA BARKER

ANNA ABELLA
08/08/2018

El asesino en serie que da título a ‘El cuarto mono’ (Destino) escribió un diario sobre su infancia cuando vivía con sus aparentemente normales, pero inquietantes, padres. Ese diario, junto a una caja con una oreja de su última víctima secuestrada, es hallado en los bolsillos de un muerto por atropello. El policía Sam Porter investiga si es el psicópata al que busca. Con esta novela, de la que la CBS ha comprado los derechos para una serie dirigida por Marc Webb (‘The amazing Spiderman’), el estadounidense J. D. Barker (Lombard, Illinois, 1971) rescata la figura del ‘serial killer’.

—Los tres monos del templo japonés de Nikko apelan al proverbio «no escuches el mal, no veas el mal, no pronuncies el mal». Su ‘cuarto mono’ representa «no hagas el mal». ¿Está ahí el germen del libro?

—Quería escribir algo nuevo sobre asesinos en serie. Hace años decidí que si lo hacía, el asesino debía morir al inicio. Eso quedó en mi cabeza hasta un día del 2014: estaba en la cola para pagar en una tienda. Había una mujer bastante rolliza delante de mí en uno de esos carros eléctricos y un niño de unos 8 años detrás de mí con su padre. El chico dijo algo sobre la mujer que no oí bien. Luego el padre se inclinó y dijo: «No te vayas de la lengua, hijo». Al oírlo pensé: ¿quién dice eso? ¿Qué está pasando exactamente en su casa? Esa noche tuve la base de la infancia de mi asesino y su diario halló su camino al papel.

—Hannibal Lecter y ‘El silencio de los corderos’, de Thomas Harris, y ‘Seven’. ¿Su libro es un homenaje explícito o son solo influencias?

—A Harris y a mí nos ha influenciado ‘El coleccionista’, de John Fowles. La leí hace años y sé que Harris también. Es fascinante. Habla de un hombre que secuestra a una mujer. La primera mitad del libro se cuenta desde su punto de vista, luego Fowles cuenta la historia desde el de la mujer. Siempre me intrigó cómo fue capaz de cambiar las voces de forma fluida. Admiro sus novelas y me atrae la partida de ajedrez de un asesino inteligente jugando con un detective igual de inteligente. Escribir ambas partes intentando ser más astuto aumenta la diversión.

—¿Cuándo y cómo se forja un psicópata? ¿Nace? ¿Se hace? ¿Es una enfermedad, está en los genes o influye el entorno?

—Son las preguntas que espero responder al final de la serie. Conozco a personas buenas que se criaron en lugares malos y a personas que tenían todas las ventajas que la vida puede ofrecer y son malas. Hay partes de nuestra personalidad profundamente enraizadas que no pueden ser modificadas solo por el entorno o las circunstancias. Nadie es realmente bueno o malvado, todos somos un poco grises y eso está ahí desde que nacemos. Con ‘El cuarto mono’ pregunto: ¿un asesino en serie se hace? Si alguien de buen corazón se cría bajo ciertas circunstancias, ¿se puede hacer que actúe contra lo que cree correcto?

—¿Ha hablado con algún asesino en serie?

—Entrevisté a varios asesinos en prisión. La mayoría parece tener poca o ninguna emoción. No respetan la vida humana ni sienten remordimiento. Están obligados a matar. No pueden detenerse. No son conductas aprendidas.

—¿Qué motiva a un asesino en serie a matar?

—Todos los asesinos con los que hablé dijeron lo mismo: no tenían otra opción. Intentaron luchar contra lo que sea que los condujo a sus crímenes. En algunos casos, los pospusieron durante años, pero una pequeña voz les susurraba, incitándolos. Es una compulsión que crece hasta que se satisface la necesidad, como quien anhela agua. Un asesinato los satisfizo, por un momento. Luego el ciclo se repitió. ‘El cuarto mono’ solo es diferente del resto porque reconoció el patrón dentro de sí mismo e intentó canalizarlo hacia algo que consideraba correcto.

—¿Somos conscientes de que nuestro vecino quizá es un asesino en serie?

—Mi suegro vivió durante años al otro lado de la calle del asesino de BTK [Bind, Torture and Kill: Atar, Torturar y Matar, condenado a perpetua por matar a 10 personas en Wichita] y no tenía ni idea. Nadie sabe lo que pasa tras las puertas de nuestros vecinos. En público, la mayoría de las personas tienden a ponerse una máscara. Adoptan la personalidad que desean que otros vean. Llevan un disfraz. Pero nadie puede mantener esa máscara siempre, tienden a soltarla al entran en casa. Mire a sus vecinos, especialmente a los que sonríen demasiado...

—Sam Porter se enfrenta al sentimiento de venganza y lleva un peso sobre sus espaldas.

—Ha visto mucho. Ya no tiene la habilidad de un policía joven pero la suple con experiencia. Lleva cinco años persiguiendo a este asesino. Si pasas cinco años en cualquier cosa, se convierte en parte de ti. Corres el riesgo de acercarte demasiado. Quiere atrapar al asesino pero también entenderlo, y eso puede ser peligroso para un policía. Puede perjudicar su objetividad.

—En la novela negra surgen tendencias nuevas, el ‘domestic noir’, el ‘rural noir’... ¿Por qué sigue fascinando el asesino en serie?

—Las tendencias van y vienen. Las novelas de asesino en serie parecen resistir el paso del tiempo. Ahora escribo un libro con James Patterson; su segunda novela (allá por 1993) fue ‘La hora de la araña’. Se sostiene hoy tan bien como entonces. Son novelas aterradoras porque podrían sucederle a cualquiera. Un asesino podría estar sentado a tu lado en el tren. Mirándote desde otra mesa en un restaurante. Siguiéndote a casa una noche. Mientras exista ese miedo, esa posibilidad, habrá un lugar para estas novelas.

—¿Qué opina de series como ‘Mentes criminales’ y ‘Mindhunter’?

—’Mindhunter’ es una de mis favoritas. Es la historia de los agentes del FBI que crearon perfiles criminales y es fascinante. ‘Mentes criminales’ se acerca al episodio 300; 13 temporadas. Es una de las más antiguas; cada episodio revela los crímenes de algunas de las personas más violentas y repugnantes que nuestro mundo ofrece. Vivimos en un mundo lleno de monstruos y el voyeur que todos llevamos dentro no puede evitar mirar.