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FÚTBOL. TERCERA DIVISIÓN

Chema Candela, discreción colegial

El preparador físico del Diocesano dice que una de las grandes claves del éxito del equipo es el grupo de trabajo del club. Fue jugador del Cacereño, con el que subió a Segunda B

 

Candela, izquierda, con Adolfo Senso, en un partido. - SILVIA SF

José María Ortiz José María Ortiz
22/01/2021

Una hora de conversación pausada y en cada palabra fluye el entusiasmo en un protagonista de perfil discreto, de esos imprescindibles en cualquier colectivo que curran más que hablan. José María Candela Guardiola, ‘Chema Candela’ (Cáceres, 1973), preparador físico del Diocesano, fue un futbolista que disfrutó del balón y vivió en el terreno de juego de su deporte favorito durante 17 años. Ahora ejerce de reputado preparador físico del Diocesano, el club del colegio en el que se formó y en el que ahora imparte clases de Secundaria. La agenda de este apasionado profesional que ha estudiado Magisterio y Ciencias del Deporte está repleta de actividad.

«La clave es el grupo de trabajo, que le echamos muchas horas y nos gusta mucho esto, además del provecho que hemos sacado de los contactos que hemos hecho durante todo este tiempo». Candela es la mano derecha de Adolfo Senso, al que ya tuvo de entrenador como canterano en el Dioce.
¿Pensar en Segunda B, instalado ahora en la cúspide de la Tercera extremeña? Moderado en su juicio, nada aventurado, asume que «hay que ser realistas y será muy difícil por los rivales de los dos grupos que tenemos enfrente», apunta sin perder de vista y valorar que el cuadro colegial ha hecho los mejores números de la Tercera extremeña.

«Solamente soy una piedrilla más en ese éxito». Cauto en cada uno de sus juicios pese a que precisamente sea el Dioce el equipo que mejor ritmo imponga en sus partidos, inequívoco resultado de su labor, Candela es alguien agradecido a la puesta en común que se hace. «Con Fito (Adolfo Senso), que lo consulta todo, y Manolo (Jordán, el preparador de porteros) estamos siempre pensando y trabajando en fútbol. Hay días que a las 12 de la noche seguimos hablando, y aun habiendo entrenado durante el día», dice.

Va más allá el preparador físico al intentar arrojar luz sobre la condición del club unánimemente alabado. En ello también nombra al delegado, Emiliano, al presidente, Alfonso Abreu, o incluso el eterno presidente de honor, Gerardo Hierro, o José Luis Mohedano, a quienes cita como gente importante a la hora de estar en el germen de una historia de triunfos sociales y deportivos de la entidad.

Su historia como futbolista se gestó en el centro educativo, en el que la cantera ha sido una razón de ser, que fue creciendo hasta erigirse en una promesa que se hizo realidad en el Cacereño. «Debuté con Javier Escalza en la temporada 93-94 ante el Melilla, tenía 23 años. Jugué de titular, empatamos 1-1 y pegué un tiro en el larguero ese día», recuerda. Después, fue cesado el técnico vasco y llegó Ángel Marcos, con el que había jugado en División de Honor juvenil y el filial y en el que había confirmado sus buenas condiciones.

Vivencias del este

A partir de ahí, filial y en el histórico ascenso en Manzanares, después Arroyo, Don Benito (tres años en Tercera y un ascenso a Segunda B) e inició un prolongado periplo por el este peninsular: Hellín, Mazarrón, Pinatar y de nuevo Hellín, con fases de ascenso incluidas y siempre disfrutando del fútbol. «Luego nos fuimos acercando y fui al Imperio de Mérida, hasta que lo dejamos del todo y vivir en Cáceres». Año 2008.
Su carrera se había terminado ahí, pero comenzaba otra, que quién sabe hasta dónde le terminará llevando. Siempre formándose académicamente, lleva 12 años trabajando para el Diocesano, siempre muy apreciado en la entidad. No descarta «seguir creciendo» y asume haber recibido alguna oferta, desechada por no ser lo suficientemente importante, porque está en su casa y formar parte de varios proyectos importantes, entre ellos la investigación con el equipo de Tomás García Calvo en la Uex o en su condición de profesor en la escuela de entrenadores de la Federación Extremeña de Fútbol.

Está satisfecho porque en el Diocesano su entendimiento con su ‘familia’ es total. «Estamos todos muy implicados», proclama. Y sobre la cantidad de futbolistas importantes que han salido del club, «que ya he perdido la cuenta», dice que es fruto del rastreo del propio club, con Senso al frente. «Como director deportivo de un club siempre he dicho que sería increíble», dice convencido Candela.

¿Y el Diocesano actual? ¿Es el mejor de los cuatro últimos años? «Es diferente», dice, con jugadores de un perfil más técnico y menos velocidad, pero más efectivo en función de los resultados. Candela, puro Dioce.