Cristiano Ronaldo rubricó ayer su ampliación de contrato con el Madrid hasta junio de 2018 para dar por finalizado un estadio de ansiedad en el que vivía su club y los aficionados blancos, temerosos de perder a uno de sus jugadores franquicia que hace un año declaró públicamente estar "triste".

Jamás se supieron con exactitud cuáles eran las razones por las que, hace una temporada, tras un partido de Liga contra el Granada en el Bernabéu, declaró ese estado de ánimo tan negativo para un jugador que ofrecía unas estadísticas impresionantes con el Madrid.

Nadie en el club blanco arrojaba las cifras de Cristiano. Un gol por partido en 203 encuentros. Algo pasaba con el portugués y los rumores sobre las causas de su estado eran múltiples. Se llegó a comentar que deseaba más dinero (no hay cifras oficiales, pero desde ayer podría pasar a ser de los mejores pagados del mundo), que no sentía el cariño de sus compañeros y de algunos dirigentes o que no contaba con la confianza total del Bernabéu.

EL ERROR Especulaciones que él, en parte, pudo provocar al sacar a la luz sus pensamientos más internos. Ayer mismo, en sus primeras declaraciones después de firmar su renovación, afirmó haberse equivocado al haber hecho públicas aquellas sensaciones.

"Pienso que todos nosotros tenemos nuestros días buenos y malos y es normal. A lo mejor ese día estaba un poco triste como puede pasar más días en la temporada y es normal y humano. A lo mejor es algo que no debería decir públicamente. Yo no soy perfecto, cometo errores como todos, pero es algo pasado, Ahora el momento es bueno, me siento bien, a gusto, con mucha ilusión. Y quiero continuar en este club muchos años y dar lo mejor, como siempre", dijo.

Un fallo que le costó demasiadas especulaciones sobre su futuro y con las que ha tenido que luchar todo un año, que ha culminado en un acto con el presidente en el que ambos se declararon su cariño.

A lo largo de la temporada pasada Cristiano fue cambiando su carácter. Su actitud sobre el campo y fuera de él fue intachable. No hizo más declaraciones salidas del tono oficial que siempre quiere marcar el Madrid. Y, además, en el campo siguió demostrando que claramente es uno de los mejores del mundo.

Ese carácter lo recogió el público del Bernabéu, que poco a poco fue reconociendo el trabajo de su jugador hasta aclamarle sin ningún tipo de dudas y fisuras. Cuando acabó el curso, Cristiano era sin duda uno de los grandes referentes del vestuario.

Con ese currículum, trabajando en silencio, abordó la renovación cuando se extinguía la temporada pasada. Florentino Pérez y Cristiano acordaron verbalmente su ampliación y después de cuatro jornadas de Liga escenificaron su entendimiento dentro del Santiago Bernabéu.

LAS GAFAS Y EL ABRAZO El internacional portugués jugará hasta 2018 en el Real Madrid. Cuando acabe su nuevo contrato, tendrá 33 años. Su firma fue ayer retransmitida en directo por el canal oficial del club y durante el acto se mostró muy feliz. Con unas gafas de pasta negras, alargó su brazo y estampó su nombre en su nuevo contrato. Después, se abrazó con el presidente.

Cristiano se encargó de decir muy alto que estaba extremadamente feliz. Lo dijo dos veces. Su anterior sensación, la de aquella tristeza que proclamó a los cuatro vientos, no se atrevió a repetirla nunca más. Ha pasado de la tristeza a la felicidad extrema. Y en pocos meses.