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RÉCORD MUNDIAL EN ANDORRA

Ildefons Lima: la dignidad de la derrota

El defensa de Andorra acaba de convertirse en el futbolista con la carrera más larga en el fútbol de selecciones, con 22 años y 148 días

 

Lima, en el Andorra-Islandia clasificatorio para la Eurocopa 2020. -

ARNAU SEGURA
07/12/2019

Nació en Barcelona hace casi cuatro décadas; pero, con tan solo dos meses, Ildefons Lima (1979) ya llegó a la tierra que, desde la más modesta humildad, le ha visto hacerse un nombre en la historia del fútbol internacional, a Andorra. «Defender mi país, por pequeño que sea, contra todo el mundo es un orgullo. Y un privilegio», arranca el veterano defensa, contento de haberse convertido en el jugador con la carrera más larga en el balompié de selecciones; superando, con 22 años y 148 días, el récord del ecuatoriano Iván Hurtado.

«Puede parecer anecdótico. Pero lo veo como un premio a tantos años dedicados al mundo del fútbol. Es bonito que un jugador de un país tan, tan, pequeño haya podido batir un récord tan grande», destaca un Lima que se estrenó con Andorra el 22 de junio del 1997 y que, 8.183 días después, en el duelo contra Turquía del pasado 17 de noviembre, jugó al lado de un Joan Cervós que no había ni nacido cuando él debutó. 

Ampliar el récord
La historia del combinado andorrano, de hecho, no se puede explicar sin la figura de quién es su máximo goleador (11) y el futbolista que más veces ha vestido su camiseta (128). «Llevo más años jugando con Andorra que sin hacerlo. Y tengo muchas ganas de seguir ampliando el récord», reconoce Lima, el capitán de una selección que, acostumbrada a saborear grandes pequeñas victorias, acaba de hacer historia al no acabar, por primera vez, una fase de clasificación para el Mundial o la Eurocopa en la última posición de su grupo.  

«Siendo un microestado, con tan solo unas 30.000 personas con pasaporte, lo más normal sería perder todos los partidos por goleada, no quedar últimos ya es especial», razona sobre la base de que todo lo que sea sumar puntos ya es un triunfo. No es fácil ser siempre David contra Goliat. «Sufres mucho. Los goles, las derrotas, las goleadas duelen aunque seas Andorra», apunta. 


Lima evita un chut de Griezmann durante el Andorra-Francia / MARICEL BLANCH

«Donde Islandia, que ya ha hecho un milagro yendo a un Mundial y a una Eurocopa, tiene diez jugadores nosotros tenemos uno». Lima recuerda que en setiembre jugaron contra Francia, la campeona del mundo, en Saint-Denis, «donde cabe toda la población de Andorra», y perdieron por 3-0. «Pero es que la diferencia es de 300 a 0. Ellos juegan todos la Champions. Nosotros la vemos por la tele. Tiene mucho mérito lo que hacemos», dice.

Y añade que lo que más le llena es que las diferencias brutales, enormes, que hay entre ellos y sus rivales, no quedan reflejadas en el marcador. «Competir por un resultado digno, complicarle la vida al grande, tratarlo de tú a tú, hacer que tenga que sudar para superarnos cuando nos tendría que golear sin quitarse el sombrero. Todo esto son pequeñas grandes victorias. ‘Eh! Que aquí estamos. Haremos todo lo que esté en nuestras manos, y todavía más, para defender el nombre de nuestra casa’. Este es siempre nuestro objetivo; aunque se nos pueda tildar de locos, ilusos o ingenuos», enfatiza el defensa del Inter Club d’Escaldes.

Una de sus máximas es que donde no llegan el físico o la técnica llegan el corazón, el orgullo, la ilusión. Y las ganas y la ambición de continuar trabajando, de continuar mejorando. «No nos movemos por dinero porque no tenemos esta suerte, pero luchar, competir, por un país tan pequeño también es un gran motivo de orgullo», remarca el central, que quizás sin quererlo limita la condición de futbolistas a los jugadores de élite. 

El valor de las lágrimas
«Es que es otra historia. Otro deporte. Se juega con la misma pelota. Pero es muy diferente. Las lágrimas de un jugador que ha bajado de Segunda a Segunda B o de uno que entrena por la noche, sin cobrar, después de currar todo el día, son siempre mucho más sentidas, más reales, que las de uno que ha perdido la final de la Champions», acentúa este abanderado del fútbol más humano, más romántico, antes de despedirse reivindicando que todo el mundo tiene derecho a poder disfrutar del fútbol. «Si fuese por según qué gente, solo jugarían el Barça y el Madrid. Nadie más. Y a tomar por el culo todo el resto. Hoy el fútbol ya no es lo que era ayer».