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Editorial

La insensata agitación del aborto

 

Adolfo Suárez Illana, flamante número dos de Pablo Casado, añadió la última barbaridad a un debate sobre el aborto que el PP resucitó y que, ante las críticas internas y el rechazo social, se esfuerza ahora en sofocar. Los desatinos sobre la cuestión se acumulan. Empezó Casado afirmando que «es bueno que las mujeres embarazadas sepan lo que llevan dentro» o vinculando el aborto al cobro de las futuras pensiones, y remachó Suárez identificando la interrupción del embarazo con una práctica absolutamente indocumentada de los neandertales de cortar la cabeza a los bebés o una esperpéntica ley de Nueva York, por supuesto inexistente, que permite abortar después de nacer. Entre despropósito y despropósito, una manifestación en Madrid «por la vida» que el domingo pasado volvió a unir a Vox y al PP en su competición por mirar al pasado... o a la ultraderecha.

Al PP le bastaría un poco de memoria para saber que muy poco tiene que ganar agitando el tema del aborto. El último intento de tirar adelante una ley más restrictiva se saldó con tres años de agrios debates, una retirada final y la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón en el 2014. Ni las encuestas de entonces reflejaban la aprobación social de un retroceso ni el sentir actual está por la labor. Es un debate superado, la regulación actual está ampliamente aceptada y no genera ningún tipo de alarma social. Todos los informes corroboran que el desarrollo de la actual ley ha sido positivo. Las interrupciones del embarazo no han aumentado y de ninguna manera son utilizadas como método anticonceptivo.

Más allá de la cuestión concreta del aborto, es preocupante el desprecio que subyace en algunas de las declaraciones de los dirigentes del PP. Que Casado ponga en duda que las mujeres «sepan lo que llevan dentro» o que Suárez las tache de neandertales son declaraciones ofensivas que frivolizan una decisión que, en la inmensa mayoría de los casos, es el resultado de una reflexión difícil y dolorosa.

Apoyar la vida no es reducir la capacidad de decisión de las mujeres, sino ofrecer medidas integrales para que el desarrollo profesional de las madres no se vea penalizado y que favorezcan la cultura en la igualdad en los cuidados. Precisamente, todo lo que la oleada populista conservadora, en su intento de controlar el cuerpo de las mujeres, trata de evitar.