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CAMINO A LAS URNAS

Sánchez aparca su plan federalista y arremete contra el secesionismo

Multiplica sus mítines para activar a su electorado

 

Pedro Sánchez, ayer en Cáceres - EFE

I. MÁRMOL / J. RUIZ SIERRA
04/10/2019

Pedro Sánchez afronta los próximos cuarenta días de campaña, la cuesta arriba hacia el 10-N, sin huecos en la agenda, con dos mítines diarios programados y un alud de entrevistas que nada tiene que ver con las anteriores generales, en las que su equipo seleccionó con cirugía su presencia en los medios. El contexto es otro y Cataluña lo puede cambiar todo, reconocen en la Moncloa. En este nuevo escenario, con el voto más progresista desmovilizado por la vuelta a las urnas y con la necesidad de seducir al electorado descontento de Ciudadanos para lograr esa mayoría «más clara» a la que apela, el candidato socialista eleva su tono sobre el conflicto territorial a las puertas de la sentencia del procés.

De apostar por el federalismo, Sánchez pasa ahora a mostrarse contrario a una mayor descentralización del Estado y pone sobre la mesa medidas extraordinarias para garantizar la seguridad en Cataluña, coincidiendo también con el reciente aval del Parlamento catalán a la vía de la desobediencia. Una estrategia que deja incógnitas sin despejar probablemente hasta la noche electoral: cómo afectará ese discurso al PSC y qué porcentaje de votantes de Albert Rivera acabará en las urnas del PSOE.

Sánchez dio el primer aviso al mundo independentista en la última sesión del Congreso en esta legislatura, el 18 de septiembre, cuando amagó por primera vez con la posibilidad de aplicar el artículo 155 de la Constitución. Su entorno explicó entonces que aquello solo era el principio del endurecimiento de su discurso. Desde entonces, y en paralelo al tono también más elevado del independentismo, Sánchez deja en cada mitin y en cada entrevista un mensaje para Cataluña, en el que advierte de que el Gobierno no tolerará una violación de la legalidad y que tiene el deber de garantizar la seguridad. Contra una eventual ilegalidad, repite a cada paso, el Ejecutivo dispone del 155 y de la ley de seguridad nacional.

En esa línea, ayer colocó toda la responsabilidad de una eventual aplicación de estas medidas sobre los hombros del mundo separatista. «Es el independentismo el que puede apretar o no el botón del 155. Son ellos los que tienen la responsabilidad de no obligar al Estado a tener que aplicar un artículo perfectamente legítimo», dijo en una entrevista en el diario digital Nius.

Pero dio un paso más. No se quedó solo en la reflexión de cuál puede ser la reacción del Gobierno ante la respuesta de la Generalitat a la sentencia del 1-O, sino que reculó en sus posiciones sobre la arquitectura territorial. Sánchez, que en el 2017 abogó por la plurinacionalidad y el «fortalecimiento del autogobierno» en Cataluña, prefiere ahora mantener el estado autonómico actual. «Hay gente en Cataluña que quiere una recentralización por parte del Estado de las competencias, otros que queremos mantener el statu quo, me refiero al Estatuto de autonomía, y otros en cambio que proponen una mayor descentralización», defendió ayer.

El propio presidente en funciones admitió hace poco en una conversación informal con periodistas que la sentencia sacudirá la campaña y que espera un crecimiento electoral que provenga, en buena medida, de los votantes desencantados de Cs. A ellos se dirige el grueso de los mensajes sobre Cataluña, pero está por ver que ese discurso esté logrando su objetivo.

TEMORES DEMOSCÓPICOS / Expertos demoscópicos que están analizando el comportamiento del electorado de Rivera indican que hay en torno a 1,3 millones de exvotantes de Cs que ahora están indecisos. Pero, subrayan, no hay fugas significativas hacia el PSOE y el tono duro sobre Cataluña no está acelerando ese movimiento. ¿Por qué? Sostienen los especialistas que Sánchez causa rechazo entre quienes votaron a Rivera: según sus cálculos, solo el 20% de quienes eligieron a Cs en abril aprueba al líder socialista, un porcentaje que sube al doble con Pablo Casado. Es cierto, indican, que Rivera solo gusta ya al 54% de su electorado, pero esa insatisfacción no ha cristalizado (por lo menos todavía) en una fuga al PSOE.

En la misma línea, el último barómetro del CIS señala que el PSOE cae tres puntos en intención directa de voto y baja otros nueve en la fidelidad respecto al mes anterior.

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