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Varapalo judicial Los casos y la valoración de los afectados

Las víctimas extremeñas de los etarras

Del Río y Troitiño integraron el sanguinario Comando Madrid que asesinó a los guardias civiles Juan Mateos, Vicente Javier Domínguez, Antonio Lancharro y Carmelo Bella en Juan Bravo y la plaza de República Dominicana en Madrid en 1986

 

Antonio Lancharro y Carmelo Bella. -

Juan Mateos Pulido y Vicente Javier Domínguez. -

CARLOS ORTIZ
23/10/2013

Los etarras Inés del Río y Antton Troitiño, a quienes la justicia puso ayer en libertad tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que deroga la doctrina Parot, formaron parte del sanguinario Comando Madrid que asesinó en 1986 a cuatro guardias civiles extremeños en dos atentados con coches bomba en la capital de España.

Juan Mateos Pulido, Vicente Javier Domínguez, Antonio Lancharro y Carmelo Bella Alamo integran el historial de sangre de la banda terrorista, que les dio muerte durante una de las décadas en las que el terror formó parte de la vida de los ciudadanos que se desayunaban con los atentados. Fue precisamente en la mañana del 25 de abril de 1986 cuando otro sobresalto sacudió a la sociedad española. Un coche bomba cargado con más de 20 kilos de explosivos había estallado en la confluencia de las calles Juan Bravo con Príncipe de Vergara cuando un Land Rover de la Guardia Civil esperaba en un semáforo. Murieron cinco agentes de la Benemérita. Los extremeños Juan Mateos y Vicente Javier Domínguez eran dos de ellos, reseña la Asociación Extremeña de Víctimas del Terrorismo. Los terroristas activaron un mando a distancia para reventar el vehículo. Inés del Río y Antton Troitiño formaban parte del operativo del Comando Madrid que ejecutó el brutal atentado. Cuatro guardias civiles resultaron también heridos graves y cuatro transeúntes más por la explosión a las 7.15 de la mañana. Domínguez era natural de Plasencia, tenía 26 años y estaba soltero; Mateos había nacido en Robledillo de Trujillo. Casado y con 30 años, el zarpazo de los terroristas acabó con sus vidas.

Pero si algún atentado del Comando Madrid fue especialmente sangriento fue el ocurrido en la plaza de República Dominicana, no muy lejos de donde sucedió el anterior, en la mañana del 14 de julio de aquel mismo año. Otro coche bomba, esta vez cargado con 40 kilos de explosivos, se llevó por delante la vida de 12 guardias civiles, entre ellos, las de los extremeños Antonio Lancharro y Carmelo Bella. El primero, nacido en Monesterio, solo tenía 21 años y llevaba tres meses en la Guardia Civil. Fue enterrado en su localidad natal, donde una calle recuerda su memoria. El segundo, natural de Granja de Torrehermosa, contaba con 22. En aquel atentado también resultaron heridos otros 44 agentes. Iban a hacer prácticas.

 

El precedente

La excarcelación de etarras que han asesinado a víctimas extremeñas tiene un precedente, recuerda la abogada María José López, que abordó los casos registrados en la región. Fue en 1997 cuando salió a la calle, tras cumplir solo 16 años de una condena de varios cientos, Francisco Martín Robles, integrante de los Comandos Ibarra y Eíbar Urko, al que se le atribuyen cinco asesinatos, entre ellos los del peluquero Sotero Mazo y el niño José María Piris, perpetrados en Eíbar y Azcoitia, respectivamente, en 1980. El etarra se benefició del antiguo Código Penal al ser puesto en libertad tras cumplir tres cuartas partes de la condena. Un año antes de su salida a la calle ya disfrutaba del tercer grado penitenciaro. Ninguno de los presos de ETA encarcelados en prisiones de Extremadura tiene aplicada la doctrina Parot, reseñó ayer Canal Extremadura TV.

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