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ENTREVISTA GUILLERMO FERNANDEZ VARA. Consejero de Sanidad

"Me siento una persona de izquierdas y también soy un católico practicante"

 

'Me siento una persona de izquierdas y también soy un católico practicante' -

JOSE RAMON ALONSO DE LA TORREJOSE RAMON ALONSO DE LA TORRE 12/01/2003

Esta es la historia de un niño de derechas que de mayor se hizo de izquierdas. Esta es la historia del hijo de un juez destinado en Olivenza que, a medida que su padre iba ascendiendo hasta el Tribunal Supremo, viviría en Badajoz, Córdoba y Madrid.

Esta es la historia de un joven que se licenció en Medicina y que a los 29 años regresó a su lugar de origen como médico forense. Se casó, como su padre, con una chica de Olivenza y acabó entrando en política. Esta es la historia de Guillermo Fernández Vara.

El padre de Guillermo era un hombre muy recto; su madre, una mujer de familia muy conservadora. En 1977, hizo caso a su padre y votó a UCD. Dos años después, repitió papeleta. Al ser destinado el juez a la audiencia de Córdoba, los Fernández Vara hacen mucha amistad con Antonio Hernández Mancha, hijo y sobrino de compañeros del padre y destinado en la ciudad andaluza como abogado del estado.

Hernández Mancha, que llegaría a ser líder de la derecha española, convenció a su amigo Guillermo para que militara en Alianza Popular, partido al que estuvo afiliado durante un año. Al regresar a Extremadura en 1988, empieza a colaborar con el PSOE en Olivenza presentando mítines o presidiendo la Cruz Roja. Pero en 1990, un nuevo amigo se cruza en su camino.

Los Fernández Vara habían comprado una casa en Santo Domingo de Olivenza, una pedanía oliventina de apenas 20 habitantes. Un buen día conocieron a un vecino llamado Juan Carlos Rodríguez Ibarra y resultó que ambas familias tenían una hijita de la misma edad. "En Juan Carlos no sólo me encontré un amigo, sino también una persona que me hizo ver la vida de otra manera", recuerda Guillermo.

Pasaban muchas horas juntos. "Sabiendo de dónde venía yo culturalmente no me puso ninguna pega, al contrario, me abrió las puertas de su casa y mi mujer y yo nos hicimos muy amigos de él y de su mujer. Yo había tenido una vida muy cómoda. Miraba el entorno desde cierta posición de preponderancia, con la sensación de estar socialmente por encima. La vida me ha enseñado que las posiciones sociales no las da el estatus ni la clase social sino la capacidad que tengas de poder hacer algo interesante por los demás".

¿Y qué le enseñó Ibarra o Juan Carlos, como usted lo llama?

-- Eliminó algunos estigmas sobre la izquierda que yo tenía. Por ejemplo, creía que los militantes de izquierda eran gente que podía poner en peligro la tradición familiar. Juan Carlos me enseñó lo que era el socialismo en la práctica. El nunca me pidió que me afiliara al PSOE, pero en el año 95 se me planteó entrar en política y acepté. No me hice militante hasta la derrota del PSOE en la generales de 1996. Me siento muy a gusto en el partido.

Todo eso está muy bien y es una historia muy bonita. Pero no me negará usted que su caso es peliagudo: conoce a Hernández Mancha y se hace de AP, conoce después a Ibarra y se hace del PSOE... Menos mal que no conoció a Blas Piñar.

-- No niego que he entrado en política fundamentalmente por amistad. Pero de la misma manera que entré en AP por una persona, me salí porque no me convencía lo demás. En el PSOE entré por una persona, pero no estoy sólo por esa persona. Seré del PSOE toda la vida esté en un cargo político o no lo esté. Me moriré siendo socialista.

¿Pero de verdad es usted de izquierdas?

-- Yo me siento una persona de izquierdas.

COSA DE LUNATICOS

¿Y eso de ser de izquierdas no es una cosa de lunáticos. Lo moderno no es eliminar esas diferencias entre la izquierda y la derecha?

-- No, no, no... Las diferencias existen y cada día con mayor claridad. Vivimos en un país con una constitución que establece un campo de juego común, pero eso no quiere decir que se juegue siempre en el mismo lado del campo. Es bueno que los ciudadanos puedan elegir. La diferencia es saber qué está primero, la libertad o la igualdad. No se puede ser libre si no profundizamos en el ámbito de la igualdad porque tendríamos un mundo de hombres libres, pero profundamente desiguales.

En Extremadura se vota a la izquierda, pero según las últimas encuestas, hay un 94 % de católicos, el porcentaje más alto de todas las comunidades autónomas españolas

-- Sí, pero luego estamos por debajo del 20 % en cuanto a practicantes. Yo soy católico practicante y no lo veo incompatible con ser de izquierdas. Otra cosa es que la iglesia históricamente haya servido de apoyo a un régimen que metió a mucha gente de izquierdas en la cárcel. El concepto de iglesia debe trascender a los hombres que la representaron en un determinado momento histórico. El socialismo y el cristianismo surgido en muchas barriadas y parroquias han parido ideas que tenían mucho que ver unas con otras.

¿Eso que dicen de que es usted el delfín de Ibarra es para fastidiarle?

-- Me he encontrado con eso sin buscarlo. Nadie me ha preguntado. Quien haya planteado el tema es porque no conoce a Juan Carlos ni al partido. El PSOE no permite que nadie designe delfín, no se lo permitió ni a Felipe González cuando los militantes escogieron a Borrell frente a Almunia. Mi proximidad personal a Juan Carlos no tiene ningún significado.

¿Ibarra estuvo a punto de no presentarse?

-- Estaba decidido a marcharse. Tenía argumentos para explicárselo a los de casa, para decirnos a nosotros que no seguía, pero no estaba preparado para decírselo a los de fuera. Llegó una enorme presión desde fuera de Extremadura y creo que no estoy traicionando su confianza al decir esto. Si Zapatero no se compromete a una serie de cosas importantes para Extremadura con Juan Carlos, no hubiera seguido.

¿Usted, que ha conocido por dentro la antigua Alianza Popular, cómo ve el PP extremeño?

-- No ha aprendido. Uno tiene que aprender de sus errores. El PP de Extremadura tiene una grave crisis de identidad. No se puede estar siempre defendiendo diferentes criterios dependiendo de la coyuntura. Se ha adaptado en estos 20 años a las recetas que había que buscar en el momento sin tener voz propia. A la gente le molesta que el PP diga que el voto del PSOE es el voto cautivo de los incultos y de los analfabetos y que ellos tienen el voto de los listos. Sienten desprecio por quienes no piensan como ellos.

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