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Subhas Yadav: «Si Occidente ha luchado contra la represión sexual, religiosa y social para ser lo que hoy es, la India también tiene que hacerlo»

Ha llegado a Extremadura procedente del otro lado del planeta, del lugar donde aún entierran vivos a los enfermos de sida, echan de sus casas a las mujeres cuando tienen la regla, desprecian a las viudas y promueven los matrimonios concertados. Sin embargo, este profesor de español, de estancia doctoral en Cáceres, simboliza la nueva imagen de la India. Subhas Yadav es protagonista de esa revolución contra la injusticia que ya es imparable. Profesor de español en India, erasmus mundus en Extremadura (Nagai, 1985)

 

Junto a Subhas Yadav en su apartamento del campus universitario de Cáceres. - FRANCIS VILLEGAS

-La semana pasada entrevistamos a Teresa Carrallo, vicepresidenta de la Asociación Española Síndrome Rett y madre de una hija, Leonor, que padece una discapacidad de un 99%. Le lanza la siguiente pregunta: ¿Se está avanzando en la aceptación de la discapacidad en India?

-Existen colegios y centros de educación superior para invidentes. Además, las personas con discapacidad tienen un porcentaje de puestos reservados, incluso en los servicios más altos del funcionariado de la India pueden llegar a ser oficiales muy destacados. Donde yo estudiaba, en la Universidad Nehru, recuerdo que hubo un doctorando que no podía caminar, que estaba en silla de ruedas, le llamaban el Stephen Hawking de Nehru. Todos ellos eran correctamente tratados. Es verdad que en los pueblos puede haber problemas, pero creo que lo que hay que desarrollar es esa empatía con la gente que padece alguna discapacidad igual que con cualquier ser humano. Rechazarlos es patronizar y lo que hay que hacer es fortalecer a ese colectivo y que conviva con el resto. Debe haber política educativa y formación.

-Usted está de estancia doctoral (erasmus mundus) en la Universidad de Extremadura procedente de la Universidad de Hyderabad. Ejerce como profesor de español en India, traductor de las obras hispánicas a su lengua materna, el hindi, y divulgador de la lengua y la cultura hispanohablante. ¿Por qué eligió Cáceres para formarse?

-Si alguien traza la ruta hispanoamericana enseguida se dará cuenta de que empieza desde Extremadura. Si no venía a Extremadura mi viaje de estudios de letras hispánicas no estaba cumplido. Estaba en el norte, en Santiago de Compostela, pero siempre quise pasar por la zona más originalmente española. No creo que las ciudades grandes me enseñen lo que España es. Tengo que acudir a zonas donde aún existe España en su forma autóctona. Y Extremadura es lo que tiene. Vivo en el campus universitario de Cáceres pero cuando salgo por las calles de la ciudad o me dirijo hacia Trujillo o Mérida realmente me hacen sentir España. Extremadura me va a servir en mi formación o en mi entendimiento de lo que España es.

-¿Cómo es la ciudad en la que vive?

-Hyderabad es una ciudad medieval en términos indios y se puede decir que en esa ciudad viven muchas Indias porque fue la ciudad donde fundaron la primera sede de la empresa informática TCS, de la famosa marca Tata. A partir de ahí empieza a desarrollarse un gran potencial informático. Tiene una parte que se llama Cyberabad y han montado una ciudad paralela y no se parecen nada la una a la otra. Vivir allí supone ver la ciudad de ayer y la India de hoy y de mañana, y ver cómo coexisten esas dos sociedades. Por eso se dice que en la India viven muchos siglos al mismo tiempo.

-La India es un país con ciudadanos muy talentosos y avanzados desde el punto de vista tecnológico, sin embargo hay muchas desigualdades sociales. ¿Qué solución habría que adoptar para terminar con la pobreza extrema que azota a su país?

-Es algo muy complicado pero muy sencillo a la vez. Cuando uno lo ve desde Occidente, mi país puede resultar muy caótico, pero cuando veo la India de hoy, la industrialización tremenda, percibo que se va sacando a esa gente fuera de su extrema pobreza. Por ejemplo, en Hyderabad no hay triciclos manuales como se ven en Delhi, son todos automáticos, de manera que si se avanza tecnológicamente la sociedad va creciendo, sobre todo los jóvenes, que forman una generación que sale de estas condiciones económicas y que empuja al resto de la sociedad irremediablemente al progreso.

-Por tanto, parece fundamental el acceso a la educación para salir de la marginalidad...

-La gente está poniendo mucho empeño en ello. Los jóvenes sobre todo están muy preparados para enfrentar o aprovecharse de esta oportunidad que se llama globalización y ahora no hay el rechazo que había antes a estas oportunidades. Hubo un temor a las empresas multinacionales extranjeras pensando que iban a colonizar nuestro terreno. Pero ahora no es así, creo que el jefe de Google es de India y hay muchos altos cargos de Microsoft que son de mi país. Hoy, en el mundo globalizado, las empresas son una oportunidad para aprovecharse económicamente de ellas y para contribuir al desarrollo.

-Frente al avance tecnológico está el clima, sequía o lluvias torrenciales, que impiden un desarrollo agrícola adecuado en algunas zonas...

-La sequía azota especialmente a la zona sur y oeste del país, cerca de Bombay o Anantampur, donde Vicente Ferrer comenzó a trabajar con su famosa fundación y donde hay cultivo comercial. Sé que había un plan para repartir agua de los ríos y aún hay que hacer mucho en ese sentido. Muchos campesinos se suicidan porque no pueden pagar los préstamos del banco. Y eso pasa en las zonas donde hay mucho cultivo de lentejas, cacahuetes y algodón. Ellos piensan que van a ganar el dinero y luego es todo lo contrario. Y eso es un poco triste. La gente no está acostumbrada a enfrentarse a esa situación y no hay suficiente ayuda tecnológica.

-¿Cree que la comunidad internacional debería intervenir más para ayudar a su país, no le parece injusto que una parte del mundo tenga tanto y otra tan poco?

-Prefiero ir más allá. Creo que en India debe haber gente suficientemente capacitada para solucionar sus problemas en lugar de depender de la ayuda internacional. Mire el caso de África, no lleva eso a ninguna dirección a esa gente. India necesita levantar su conciencia porque es un país con muchos recursos. Y la gente tiene que poner de su parte, innovar, trabajar, en vez de depender de ayuda nacional o internacional.

-La milenaria estratificación social por castas pervive hoy en día. Se trata de un sistema de organización apoyado en conceptos religiosos que asigna a cada individuo una función en el entramado social de por vida. De manera que el estatus de una persona viene definido por la casta en la que ha nacido. Quizá India no llegará a resplandecer verdaderamente hasta que no sea una sociedad justa y digna, y eso, con el sistema de castas imperante parece difícil de alcanzar...

-Es un tema muy grave en el sentido de que las castas excluyen. Las castas tienen sus propias teorías de origen, mitos, y ahí es muy difícil entrar: ¿cómo cambiar el mito, la creencia de una persona? Si alguien piensa o cree o presume que viene de un origen determinado y otro viene de otro, ahí sintetizar no es fácil. Ahora bien, si en la educación moderna penetra la teoría de la evolución, de que todos proceden de un mismo ser, podría empezar a deshacerse ese fuerte sistema. Por tanto, la conciencia científica debe primar, tiene que llegar ahí. Y la conciencia científica todavía no ha tocado a la masa.

-Luego están los matrimonios concertados. ¿Qué opina de que sea tu familia la que te elija al marido o a la mujer?

-Lo hacen más para compartir los recursos, que los recursos de la familia no pasen a otra casta, siempre son enlaces muy próximos, pero ahora está cambiando mucho. Eso ha pasado a manos de los jóvenes, los jóvenes salen fuera de su casa a trabajar por cuenta propia, viven con otros jóvenes de otras partes. Y ahí se ve que se está evolucionando.

-Pero todavía queda mucho por hacer porque hay muchos matrimonios concertados por los padres...

-La mayoría.

-Casarte por conveniencia y no por amor es algo difícil de entender a ojos de la sociedad europea. Es una tradición arrastrada de dudosa moralidad...

-Sí, es muy difícil. Pero si vamos un poco atrás, había bodas concertadas y elegidas en los pueblos porque no habían salido de esta conciencia. En esa sociedad hay mucho peso de la tradición, de la casta... son muchas razones las que se juntan e imposibilitan el cambio. Pero una vez que salen de este mundo, de esta presión social, va cambiando muchísimo, en los campus universitarios sobre todo, en las ciudades modernas. Y este cambio en la India es muy reciente y no se puede exigir tanto. Y tal como va está bien, y soy muy optimista en este sentido, que va cambiando por lo menos, que va funcionando. Y eso es visible. Sí que queda muchísimo, pero ya estamos al menos en el vagón de atrás.

-La desigualdad de la mujer es otra evidencia. Tanto es así que hay hospitales en los que incluso no se facilita el sexo del bebé porque muchas mujeres, al enterarse de que iban a traer niñas al mundo abortaban. Tanto es así que los ataques con ácido a mujeres, por ejemplo, pueden alcanzar las 1.000 víctimas al año. Sobrecoge la historia que relata un documental que ha optado a los Premios Goya acerca de un hombre del que sus vecinos se burlaban porque su mujer solo traía niñas al mundo. Preso de la ira las rocíó con ácido, terminó con la vida de una de las pequeñas y a la mujer y a la otra hija superviviente las dejó malheridas. Terrible...

-Tener hijas es un peso económico porque si hay bodas concertadas, la familia de la mujer tiene que pagar la dote y si un padre tiene dos o tres hijas la vida para él será muy complicada, porque él tiene que pagar la dote, las joyas, el convite, montar una fiesta tipo Bollywood... Se trata de compartir la propiedad, y la hija lleva una parte de propiedad que se la queda el futuro marido. Y por eso matan a fetos. Pero es un crimen, no es legal, y a los médicos que los practican los meten en la cárcel. Ahora están sensibilizando mucho, han tocado la conciencia de la gente común, y hay muchas voces en contra de este tipo de prácticas que se extienden a todas las capas sociales.

-Al hilo de la situación de la mujer, existen poblados en que consideran a las mujeres impuras cuando les viene la regla o durante la cuarentena tras el embarazo. Tanto es así que en esos días las sacan fuera de las casas, las dejan en la calle o las llevan a chozas contiguas. Es una aberración, un tabú que se alimenta de mitos risibles: cuando la mujer tiene su período es impura, sucia, enferma. Está maldita. Están proliferando las fábricas de compresas, pero hay mujeres que aún tienen que pedir permiso a sus maridos para poder usarlas...

-Así es. Las mujeres cuando iban a cocinar se bañaban antes de entrar en la cocina porque siempre ha existido en las casas hindúes una habitación donde hay una esquina de los dioses, concebidos como rincones puros de la casa. La tradición hinduista dice que la mano izquierda es impura, los pies son impuros y que lo puro es la cabeza. Siempre ha existido esa conciencia de separar puro e impuro y eso es algo muy interno, tanto que todavía es tabú hablar de esas cosas. Aunque la gente no sepa la razón verdadera de por qué algo es impuro, lo practica.

-Ocurre algo muy parecido con las viudas. Las excluyen, no les dan trabajo, son sinónimo de mal fario. Están condenadas a morir en vida. Tres millones de mujeres viudas que viven en el estado de Andhra Pradesh, en el sur de la India padecen esta situación lamentable...

-He visto cómo en los pueblos de interior cuando enviudaba una mujer era un problema. Es muy fuerte, pero sí, cuando pierden a sus maridos tienen que vestirse de blanco, no pueden usar ropas coloridas. Afortunadamente todo esto ha cambiado muchísimo. Hay muchos divorcios, las mujeres viudas se casan. Ahora se está moviendo mucho el dinero y la tradición va disminuyendo. Apartar de esta forma a las viudas es ilegal, de modo que pienso que la democracia por lo menos no apoya estas prácticas y que la democracia ha tenido sus propios instrumentos para crear una India moderna. Bien es verdad que llevar a todo un pueblo en esa dirección es un gran trabajo.

-También pasa con los enfermos de sida, que son tan rechazados que en algunos lugares los llegan a enterrar vivos. India es el país con más portadores del virus de sida del planeta. Hay hospitales que tratan nada menos que cinco casos por día... Además, la homosexualidad está penada por ley, las relaciones homosexuales son ilegales y la gente vive con miedo a causa de una decisión personal...

-Ocurre con los enfermos de sida y también con los de lepra. Existen lugares como los templos donde vivían, pensaban que el dios iba a curarles, había unos rituales, había unos baños, de algún pozo, de algún agua que tenía una química, y acudían a esos lugares religiosos. Algunos se curaban. Siempre había una mitología detrás de eso. El sida es un problema relativamente moderno y es un tabú muy fuerte que sigue existiendo. Vivir con una carga de ser homosexual o de estar con una prostituta en una sociedad tan tradicional donde la fidelidad está muy exigida es algo muy fuerte. Y esa gente, desgraciadamente, está expuesta al rechazo dentro y fuera de su familia.

-Aún así usted tiene esperanza en el cambio de su país...

-Siempre. Miro con otros ojos y cuando veo que el mundo occidental tampoco fue tan desarrollado como es hoy me vuelvo más optimista. En Occidente se ha hecho un trabajo muy grande y lo ha hecho la gente común. Han luchado contra cualquier tipo de represión, ya sea religiosa, social, sexual... y esas revoluciones han alcanzado el mundo occidental. Y no era fácil. Otras sociedades tienen que hacerlo, como India, cualquier sociedad tiene que pasar por algún intento de Superman o tipo superhéroes y heroínas. En el mundo occidental la gente siempre ha tenido una fuerza interna de marcharse, de luchar, de inventar, de salir, de criticar, de cambiar, y eso es extraordinario. Si alguien dice la verdad aunque vaya a morir, pero a pesar de todo va a decirla, es sin duda un acto de heroicidad en absoluto sencillo.

-Heroicidad también es traducir al hindi a Miguel Hernández como usted está haciendo...

-(Risas). Hernández fue un poeta extraordinario.

-Que también sufrió, por cierto, la represión...

-Vengo de familia campesina. He visto a mucha gente talentosa, inteligente, perdida, que pensaba que para qué vale la educación. Pero yo entendí que era posible y me dije, «voy a intentarlo». Y al conocer la obra de Miguel Hernández sabía que eso estaba hecho para mí. Me siento tan identificado con él que traducirlo a mi idioma era una deuda que al fin he podido pagar.

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