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tribuna

Semana Santa y turismo en Cáceres

 

Semana Santa y turismo en Cáceres - F. VILLEGAS

En el siglo IX, la Iglesia estableció con carácter universal que la Resurrección del Señor debía celebrarse en el primer domingo siguiente al plenilunio posterior al 20 de Marzo. Fijada así la conmemoración gloriosa, la atención recayó en los días anteriores y, con arreglo al relato evangélico, situó en ellos la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Así fue como nació la Semana Santa.

A partir del Concilio de Trento (1545-1563) es cuando las imágenes salen a la calle procesionalmente debido al auge que cobran las hermandades penitenciales.

El siglo XVII es el período culminante de la Semana Santa Española. En él, el espíritu cofradiero, que ya había aparecido entre nosotros en el siglo XV, comienza a desarrollarse y con él se intensifica la manifestación cultural de las procesiones que se revisten de una gran importancia y de una gran solemnidad y que han ido aumentando con el paso de los siglos.

La Semana Santa fue, desde entonces, un gran movimiento popular que se extendió rápidamente por España, surgiendo así como la manifestación colectiva de un sentimiento unánime de nuestra religiosidad, como una necesidad espiritual incontenible de proyectar las vibraciones del alma nacional ante el recuerdo de la gran tragedia para unirnos mediante ella al Misterio Augusto de nuestra Redención.

En pleno siglo XXI, debo señalar que la Semana Santa se conmemora en todas y cada una de las ciudades de España con más o menos espectacularidad. Simboliza lo que el pueblo siente y venera.

En Cáceres, se tiene constancia documentada de celebrar desfiles procesionales ya desde el año 1609, procesiones con imágenes que recorrían las calles empedradas de la vieja Villa, para orar ante los sagrarios de las distintas parroquias donde se entonaban los salmos del Miserere.

Desde el siglo XVII se han mantenido las Procesiones hasta hoy en que la Semana Santa Cacereña está formada por 17 Cofradías, con 23 Estaciones de Penitencia y 52 Pasos diferentes de variados estilos, épocas, formas de carga e indumentaria.

La Semana Santa de Cáceres, desde el año 2011, está declarada de Interés Turístico Internacional, fundamentalmente por dos aspectos: por el escenario donde discurren las Procesiones, el conjunto monumental de la Ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1986 y, en segundo lugar, por el valor de las Cofradías Cacereñas con una larga tradición de fe y espíritu cofradiero que se remonta a varios siglos y un patrimonio imaginero de un valor artístico incalculable. Existiendo dos Cofradías del siglo XVI (Vera Cruz y Humilladero) y tres del siglo XV (Cristo Negro, Soledad y Nazareno, la decana de Cáceres).

Además de los valores artísticos, religiosos y festivos, la Semana Santa tiene una importancia fundamental en la vida socio-económica de la Ciudad: se produce un crecimiento del número de turistas que nos visitan en relación a otras épocas del año, hay un aumento de pernoctaciones, un gasto mayor en comidas, recuerdos, regalos, etc., un incremento del número de contrataciones en el sector servicios, con una entrada de dinero importante que produce una mejora del nivel de vida de los cacereños.

El pasado año 2018 nos visitaron en Semana Santa un total de 95.162 turistas (5.957 más que en el año 2017), con una ocupación hotelera del 100 por 100. En Cáceres, la mayor afluencia de turistas y la mayor ocupación hotelera fue en los meses de marzo y abril, coincidiendo con la Semana Santa. Podemos concluir que ningún acto ni ninguna actividad cultural que se celebra en Cáceres a lo largo del año genera la afluencia de turistas que nos visitan durante la Semana Santa.

Desde aquí, felicito a todas las Cofradías por el magnífico trabajo que realizan a lo largo del año, agradecer a las instituciones y entidades privadas (hoteles, fundaciones, comercios, bares y restaurantes, etcétera) por el apoyo (siempre mejorable) que nos aportan para que la Semana Santa de Cáceres siga siendo la auténtica Fiesta de la Ciudad, en la que, de una u otra forma, participan todos los cacereños.