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ginecóloga y divulgadora científica

Miriam Al Adib Mendiri: «La respuesta sexual femenina no se estudia al mismo nivel»

 

La ginecóloga extremeña con raíces sirias Miriam Al Adib Mendiri, que tiene una clínica en Almendralejo. -

10/03/2019

– ¿Es muy desconocida la perspectiva de género en la medicina?

– A pesar de que cada vez hay más mujeres trabajando, la perspectiva de género es muy desconocida. Carme Valls-Llobet, la presidenta del CAPS (Centro de Análisis y Programas Sanitarios) de Cataluña, ha aportado numerosos trabajos en los que habla de la invisibilidad de ellas en la medicina. Explica que hay diferentes formas de enfermar entre las mujeres y los hombres y que apenas se estudia. Por ejemplo, si una mujer sufre un infarto de miocardio va a tener un retraso en el diagnóstico mucho mayor que un hombres solo por el hecho de ser mujer, porque los síntomas son diferentes y en la carrera solo estudiamos el infarto en el modelo masculino. ¿Qué pasa? Que a las mujeres en vez de dolerle el brazo izquierdo, se resienten en la zona más alta del tórax. A estos síntomas le llaman atípicos, en lugar de considerar que sencillamente en el hombre el infarto suele cursar de una forma y en las mujeres de otra.

– ¿Con qué otros casos de patologías ocurre?

– Cuando una mujer tiene anemia, hipotiroidismo o déficits de algunos nutrientes, en vez de ser dignosticada correctamente, vamos a decirle es que es depresión. Digamos que las quejas de las mujeres no se escuchan igual en las consultas. Las mujeres toman tres veces más psicofármacos y es porque, en gran medida, hay tendencia a considerar de entrada como psicosomáticas sus quejas antes de buscar una causa orgánica.

– ¿Y cómo afecta a la ginecología?

– Hay enfermedades como la endometriosis, que afecta a una de cada diez mujeres fértiles, que puede generar un impacto muy negativo en la calidad de vida porque puede doler muchísimo, pero va una mujer al médico y dice que le duelen mucho los ovarios o la menstruación y no le hacen el mismo caso que si un hombre acude a consulta con dolor en un testículo. No se trata de un problema en el colectivo médico, sino social, que la regla duela es algo que todavía se sigue considerando normal en todas partes, y no lo es.

– En breve verá la luz su libro titulado ‘Hablemos de vagina’.

– Va a ser un poco polémico porque trato de todo, por ejemplo la sexualidad femenina. Y muchas cosas de las que no se suele hablar mucho.

– Por ejemplo...

– Del ‘squirting’ (la eyaculación femenina), del punto G, del clítoris... En el modelo masculino todo está estudiado perfectamente. Por ejemplo, la respuesta sexual en cuanto al sistema nervioso parasimpático y simpático: el primero produce la erección, el segundo la eyaculación. Pero no está estudiada la reacción ni la respuesta sexual en las mujeres a ese nivel. Hago un repaso de las evidencias científicas sobre el ‘squirting’ y el punto G y es curioso cómo hay un debate donde está todo patas arriba. Es normal, si tenemos en cuenta que toda la estructura del clítoris por dentro no se ha conocido hasta hace relativamente poco tiempo.

– ¿Esa carencia de conocer la respuesta sexual de las mujeres tiene, básicamente, un origen en la cultura machista?

– Claro. La mujer es el objeto de placer y el hombre es el sujeto, el que lo disfruta. A las mujeres siempre nos dicen cómo tenemos que sentir y cómo tenemos que hacer todo. Incluso en las consultas se las infantiliza, como si el cuerpo no les perteneciera.

– Hablemos de la maternidad. Aplazarla implica problemas de fertilidad en la mujer. Pero, ¿cómo afecta al hombre?

– La biología no es políticamente correcta, eso es así. Pero no solo afecta a las mujeres. La calidad del semen baja con la edad a la vez que aumenta el riesgo de cromosomopatías (la alteración de los cromosomas que puede provocar algún síndrome o enfermedad en el feto). Lo que ocurre es que, cuando hablamos de cómo afecta el paso de los años a la fertilidad en los hombres, se pasa más por alto, incluso dentro de la propia medicina. Se dice: ellos tienen semen hasta que se mueren. Sí, pero la calidad cambia y también supone un importante obstáculo.

– ¿Cuál es su visión sobre los vientres de alquiler?

– La supraespecialización está muy bien para determinadas cosas, pero también la tecnociencia nos está llevando a una medicina cada vez más dividida y tecnológica. Ya no vemos al ser humano como un todo, sino por partes. Y eso nos lleva a que en lugar de ver a una mujer, sólo sea un útero para gestar, cuando es la mujer completa la que va a vivir todo ese proceso del embarazo.

– ¿Las consecuencias?

– A nadie le importa las complicaciones que tendrán en la salud las madres que gestan. Estas mujeres viven el embarazo completamente disociadas, tratando de contradecir su cerebro instintivo e intuitivo, el que va creando el vínculo con el bebé, con su cerebro racional. Y en cuanto al bebé, cuando nace, lo que espera es encontrarse con su madre, así está determinado en su cerebro y en sus genes, exactamente igual que la madre. Todo lo que sea entorpecer el proceso, que es lo que hace la subrogación: estrés, parto traumático, medicalización del parto, separación madre-criatura, etc., tiene repercusiones negativas en la salud física y mental de ambos.