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docente en la fundación cepaim en mérida

Virginia Domínguez Alfageme: «Me he sentido juzgada por no querer ser madre»

 

Virginia Domínguez, que trabaja con personas migrantes en Mérida. -

10/03/2019

–El 8M abarca numerosas aristas de cuáles son las batallas que una mujer debe afrontar día a día. ¿Cuál destacaría usted?

-El enfrentarse continuamente, en cualquier ámbito, al machismo y a los juicios de valor porque decides hacer un camino diferente.

–¿Se ha sentido juzgada?

–En mi caso por decidir no ser madre y por expresarlo abiertamente. Hay gente que te juzga por ello, que no te entiende... He estado años escuchando la frase de... «ya te llegará», en el sentido de que antes o después se me tenía que despertar el instinto maternal obligatoriamente porque soy mujer. Ahora que ya he cumplido los 40 años eso ya no me lo dicen, pero sí me acusan de ser egoísta y me advierten de que me voy a quedar sola...

–¿Siente que a la mujer se la juzga por todo?

–Claro, por nuestro aspecto físico, por ejemplo. En un periódico más o menos serio, de un hombre se habla de sus capacidades y de una mujer de si ha repetido vestido.

–Un obstáculo más en la batalla para acabar con los roles de género.

–Pero sí quiero destacar que, a pesar de todo, se ha creado un movimiento solidario muy bonito entre las mujeres, se está fomentando la sororidad. Eso es un paso importante porque siento que hemos empezado a dejar de atacarnos y a dejar de tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado.

–¿Esos ataques son consecuencia de la vulnerabilidad que crea el propio sistema patriarcal?

–Yo creo que es más bien una consecuencia del sistema capitalista, que tiene varias herramientas para someter a los débiles, tenerlos controlados y que se ataquen entre ellos mientras los de siempre siguen avanzando.

–Usted fue una de las voces de la Plataforma de Refugiados de Extremadura. Ahora hace labores de docencia en la Fundación Cepaim, que atiende a personas migrantes. ¿En qué consiste exactamente su labor?

–Soy profesora de Lengua y Cultura Española con población migrante en la sede de Mérida. Y es muy gratificante. Ellos son muy agradecidos, nunca quieren que terminen las clases, muestran mucho interés por seguir aprendiendo, ¿a qué profesor le pasa eso? Saben que el idioma es una barrera y quieren acabar con ese muro lo antes posible para poder avanzar, para poder seguir su camino, no hay mayor motivación que esa. Y, efectivamente, el idioma es la primera herramienta que necesitan. Tienen muy poco tiempo y aprenden muy rápido.

–Cuando hablábamos al principio de los juicios que han de sufrir las mujeres, cuando se trata de migrantes de determinados países, imagino que será aún peor...

–El velo, tener seis hijos... ellas ese juicio lo sufren multiplicado por cinco.

–Una última pregunta. ¿La mayoría de sus compañeras son mujeres?

–Sí, porque en el ámbito de los cuidados, casi todas somos mujeres, hasta que llega la hora de, en ese mismo ámbito, ocupar puestos de responsabilidad, y entonces son todos hombres.