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editorial

La agria campaña de Casado

 

El fantasma de Vox recorre la campaña electoral de Pablo Casado desde que firmó el pacto con los de Santiago Abascal para descabalgar a Susana Díaz. La legitimación de esta fuerza conectada con la extrema derecha europea obliga al PP a abandonar las formas suaves de los tiempos de Mariano Rajoy y sobreactuar en casi todos los temas. Lo vemos en el caso del aborto, en esa promesa de un 155 permanente en Cataluña o del desmantelamiento del Estado del bienestar. Las encuestas no hacen otra cosa que ahondar en este nerviosismo que enrarece la campaña electoral. La última ocurrencia, vehiculada a través de Nuevas Generaciones, ha acabado en la fiscalía. El PSOE ha decidido llevar ante la justicia ese esperpento llamado Viajes Falcon en el que el presidente Pedro Sánchez salía con sus dos hijas en una foto rápidamente retirada. Que un partido que ha estado varias veces en el Gobierno de la nación y que ha sido condenado por corrupción acumule una lista de tópicos y argumentos demagógicos sobre el uso de los aviones oficiales por el inquilino de la Moncloa dice muy poco de su responsabilidad y de su vocación de gobierno. Lógicamente, Sánchez debe dar todas explicaciones que haga falta y asumir responsabilidades si se han dilapidado caudales públicos. Pero para ello no hace falta caer en una farsa que tarde o temprano se va a revolver contra quienes ahora la hacen viral.

En esta misma línea de nervios debe entenderse la salida a escena de sus antecesores, José María Aznar y Mariano Rajoy. Son ciertamente indicadores de la amplitud electoral que querría tener el debutante Casado. Pero también le conectan con un modelo de crecimiento basado en el crédito que estuvo en la base de la crisis económica más dura de los últimos 40 años y con un sistema de financiación del PP que ha adulterado los resultados electorales y ha envilecido las instituciones donde han gobernado.

Que la política acabe dirimiéndose en los tribunales ya sabemos las nefastas consecuencias que tiene. Pero la agresividad del equipo de Casado no dejaba mucho margen al PSOE. El gran reto que tienen los partidos en esta campaña es movilizar a ese 40% de indecisos que señala el CIS. Algunos estrategas seguramente piensan que hay que «tensionar» la campaña, pero lo cierto es que lo que acaba mancillando es al conjunto de la política.