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Cartas al director

 

26/02/2019

MEMORIA HISTÓRICA

Rendir justicia a las víctimas

Octavio Alberola // Perpinyà (Francia)

Presidente Sánchez: Ha convocado usted elecciones generales para el próximo 28 de abril, declarando que «España no tiene un minuto que perder», y el hecho es que muchas de las promesas que usted anunció tras tomar posesión como presidente quedarán incumplidas; entre estas, la reforma de la Ley de Memoria Histórica. Una reforma que tanto usted como su partido, el PSOE, declaraban como una necesidad para hacer justicia a las víctimas de la represión franquista. Pues bien, si es verdad que «España no tiene un minuto que perder», reconocerá usted que tampoco lo tienen esos «miles de hombres y mujeres, muchos de ellos anónimos, que pagaron con su vida la defensa de la libertad y de la República», como decía usted en Paterna, y que, desde hace tantos años, esperan que la democracia les haga justicia.

Reconocerá pues que no «mejorar una norma de extraordinario valor para el conjunto del socialismo y la izquierda de nuestro país, en el décimo aniversario de su aprobación» y no «garantizar su cumplimiento efectivo, frente a la actitud de quien la paraliza conscientemente», sería cometer una nueva injusticia y una grave irresponsabilidad ética y política, prolongando esa espera con la excusa de las próximas elecciones. En Paterna, usted dijo que debemos luchar contra el olvido. Pero, ¿cómo luchar contra el olvido olvidando la indignidad de seguir manteniendo en vigor las sentencias franquistas y la infamia de que la ley, al dividir a las víctimas en dos categorías en función de la fecha de su ejecución, antes o después de 1968, sea arbitraria e inexplicada? Es de esperar que usted no perderá un minuto y utilizará sus prerrogativas para proponer y aprobar un decreto ley que ponga fin a tal indignidad y a tal infamia antes de dejar sus funciones como presidente del Gobierno.

EN DEMOCRACIA

Guerra incivil

Luis Pérez // Alicante

La guerra incivil iniciada en 1936 aún no ha acabado. En 1939 se inició una segunda fase represiva, una especie de 155 cruento que se adormeció con la llamada Transición. Una Transición a hurtadillas y con consensos, pero no la firma de la paz. La política, por sí misma, no es un plácido lago por el que nadan los cisnes. Sucede que las batallas son dialécticas y, por tanto, incruentas, aunque no por ello dejan de separar a los ciudadanos. Pero las urnas hacen el efecto de tranquilizante que evita enfrentamientos violentos. Aun así, estos 40 años de cierta democracia no han eliminado los residuos de la guerra incivil.

Hoy, dan fe de la situación los bandos de izquierda, derecha e independentista catalán. Pedro Sánchez no mintió sobre cuándo convocar elecciones. Ya dijo que antes quería resolver algunos proyectos que el PP y Cs habían paralizado y quiso lucirse resolviendo el tema catalán. No ha podido con tanto. La cerrazón del Govern y la impaciencia y desasosiego en el PSOE, más la desesperación incontenida del ambicioso Casado han levantado un muro. Solo espero que Pedro Sánchez no tire por la borda lo que ha conseguido.