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Cartas al director

 

31/03/2019

POLÍTICA

El verdadero padre

Domingo Espino Rodríguez // Almendralejo

“A mí, mirándome a la cara, nadie me habla de derechita cobarde porque no me aguantan la mirada”. Aznar dixit. Hay que meter en vereda a estos chicos de Vox que tanto se han envalentonado últimamente. ¿Qué se creen estos advenedizos? ¿En cuatro días nos van a quitar lo que tanto nos ha costado? No saben con quién están tratando. El Partido Popular ha recurrido a su Tótem, su Cid Campeador por así decirlo, para recordar a todo el mundo quién manda aquí. ¿De dónde creen que han venido los simpatizantes del nuevo partido de la derecha que ahora salen como setas? Son sus hijos y, como todo quisque sabe, deben obedecer a su verdadero padre. Para conseguir que los chicos vuelvan al redil, nada mejor que un golpe de autoridad como es debido, habida cuenta de la preocupante carencia de carisma en el actual PP. Esas son las claves del retorno del presidente del milagro económico, aquel que puso a España a la cabeza del mundo civilizado y la hizo grande y respetable de nuevo. Algunos izquierdistas rabiosos le echan en cara la privatización de las joyas de la corona, la burbuja inmobiliaria, nuestra participación en la Guerra de Irak, la gestión del Prestige, etcétera. Bagatelas que los bolcheviques resentidos no olvidan. No soy simpatizante del Partido Popular (líbreme Dios), sin embargo, y a pesar de su censurable gestión al frente del ejecutivo, espero que José María Aznar consiga que sus descarriados chavales vuelvan de donde no debieron salir jamás. España necesita un PP que aglutine a todas las sensibilidades de la derecha, ya que un partido ultra, machista y xenófobo es peligroso para nuestro país y para el resto de Europa.

EMOCIONES

Radiografía de la envidia

Matilde Cruz // Cuenca

Según la RAE, la envidia es el deseo de hacer o tener lo que otra persona posee. La envidia es un sentimiento tan viejo como la humanidad. Si partimos de ese simple sentimiento y nos quedamos ahí, no pasa de ser envidia sana, incluso alegrándonos del bien ajeno. Lo dañino viene cuando usamos esa emoción en contra del otro, diciendo o haciendo cosas que, aun siendo mentira, tienen la intención de dañar su imagen y hacerle perder sus privilegios, lo que vuelve insana y ponzoñosa la relación. De eso saben mucho en los pueblos de todas las partes del mundo, en los que sus habitantes viven supeditados al qué dirán y anhelando los beneficios ajenos. El refranero español es prolífico en lo que se refiere a la envidia, pero recuerdo este: «Si la envidia fuera tiña, estaríamos todos tiñosos». Las salas de espera se llenan con personas con diversas dolencias, adicciones y problemas de conducta, pero muy pocas reconocen que sufren de envidia crónica. Y eso se debe a que viven una vida vacía, ocupándose de ver la paja en el ojo ajeno, no la viga en el suyo. Si eres una persona envidiada quiere decir que cosas buenas te suceden. No te preocupes y vive tu vida, pues nadie la vivirá por ti. Si por el contrario eres de los que envidian continuamente, ¡ay, amigo!, te compadezco.