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La curiosa impertinente

Odiadores

 

En la nevera de mi cocina he pegado un imán que dice que un beso lo cura todo, pues para sobrevivir a la inevitable diáspora doméstica, nos acogemos al cariño verdadero por aquello de Tolstoi de que todos los hogares felices se parecen. Y es que desde que el mundo es mundo y el ser humano ser humano, sale muy rentable la técnica del chivo expiatorio. Saben los manipuladores que pocas cosas unen tanto como un enemigo común, ya sea el cromagnon si eres neandertal, el infiel, creas en lo que creas, el heteropatriarcado vil, sea cual sea tu sexo, el griego si eres persa, el bárbaro si eres romano, el vikingo si eres celta, el católico si eres protestante, el carnívoro si eres vegano, el cazador y torero si eres ecologista y el español, sobre todo el español, si eres hispanoamericano creyente en la Leyenda Negra, hispanoindependentista seguidor de Rufián y de Otegui, o de Podemos y alguna de sus confluencias aliadas, que fíjate tú el miedo que pasó Mónica Oltra cuando le cantaron el Viva España.

Dijo López Obrador que el actual rey de España y Francisco a la par tienen que pedir perdón, y mientras la Iglesia presentó la otra mejilla mansamente, el gobierno español se negó en redondo, en un gesto que le honra solo él mucho más que todos los viernes sociales que venimos padeciendo.

Fue soltar la insensatez el presidente populista y llenarse las redes de befas a propósito de las salvajadas y canibalismos aztecas. Una cree que es mucho más sensato ignorar al que solo tiene como estrategia señalar con nombres y apellidos a un enemigo al que echar toda la culpa de los males que como político es incapaz de solucionar. Así se distrae al votante de los problemas reales y sobre todo de las promesas incumplidas. Unos lo hicieron con los judíos, otros con los comunistas. Otros lo hacen ahora resucitando fantasmas del pasado como Franco o nombrando y lanzando el dedo acusador contra Ortega, Pérez o Fainé. El caso es que haya un culpable al que odiar mucho. Yo admiro, en cambio, la respuesta de Sabina. Frente a los nacionalismos, mi patria es la lengua española.