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Nueva sociedad, nueva política

Rivera y los demás

Ha querido ser el Adolfo Suárez de su generación, pero ha acabado siendo lo contrario

 

Rivera y los demás -

El pasado domingo a Ciudadanos le ocurrió lo previsible. Parece extraordinario, pero no va solo con ellos. En realidad, le podría haber pasado y le puede pasar a cualquiera. Albert Rivera se ha convertido en el paradigma de una generación política que ha abocado España a una suma insostenible de bloqueo e inestabilidad. Pedro Sánchez cumplirá 48 años en febrero, Santiago Abascal 44 en abril, Pablo Iglesias ha cumplido 41 en octubre, Albert Rivera cumple 40 este viernes y Pablo Casado 39 en febrero. Las diversas teorías sociológicas consideran que las generaciones abarcan entre 15 y 30 años, así que desde Sánchez (el mayor) hasta Casado (el más joven), solo hay nueve años que les insertan nítidamente en un mismo grupo generacional.

Rivera no es solo ejemplo de juventud, sino de muchas más cosas. La primera es que lleva 13 años en política. Parecen muchos para ser tan joven, pero excepto Iglesias (8), todos llevan más: Casado, 14 años, Sánchez, 16 y Abascal, 20. Se han socializado en los partidos y eso provoca dos cosas: que sean a un tiempo jóvenes vitalmente y viejos políticamente y que se parezcan entre ellos más de lo que nunca reconocerían.

Rivera es también ejemplo de una carta de servicios que no está plagada precisamente de grandes éxitos. Tras presidir Ciudadanos durante 13 años, lo más que ha conseguido es ganar unas elecciones autonómicas en Cataluña tras las que no quiso luchar por la investidura, y alcanzar en abril un gran capital político que ha dividido por tres en siete meses.

Casado llevó al peor resultado de su historia al PP el 28-A, convirtiéndose en un cadáver político solo resucitado por los errores de los demás. Sánchez también llevó al PSOE a su peor resultado histórico en 2016, salvándose por la campana gracias al empuje de una militancia cuyas demandas ya se han visto frustradas. Iglesias logró en solo un año sumar junto a IU más de seis millones de votos y ahora está casi en la mitad. El único mérito conocido de Abascal hasta la creación de VOX fue ser lo suficientemente obediente en el PP para poder vivir de la política durante tres lustros.

Rivera, que ha querido ser el Adolfo Suárez de su generación, ha acabado siendo lo contrario: hasta por tres veces rechazó sentarse con Sánchez en los últimos meses para hablar de gobernabilidad. Sánchez bloqueó la legislatura de 2016 y fue precisamente su «no es no» al PP lo que le apeó de la secretaria general del PSOE; también debe asumir parte de responsabilidad en el bloqueo actual. Pablo Iglesias suma ya cuatro bloqueos de gobiernos de izquierdas en los últimos tres años. Abascal no quiere hablar con nadie a su izquierda, y a su derecha solo para repartirse cargos. Casado parece querer emular al Sánchez de 2016 y no está dispuesto a flexibilizar su postura para que se pongan en marcha las legislaturas.

Rivera lo ha intentado todo para sobrevivir: desde firmar un pacto con Sánchez para gobernar con él hasta demonizarle, desde no querer hablar con VOX hasta hacer tres gobiernos con ellos. Sánchez llamó populista a Podemos y luego lo convirtió en socio preferente, le dijo «no es no» a Rajoy y hace poco le pidió a Casado la abstención. Pablo Iglesias se fue de IU para crear otro partido y luego insistió en pactar con ellos para sumar, aunque acabaron restando; dijo en 2014 que jamás pactaría con el PSOE pero en 2019 casi llega a implorar una coalición de gobierno con él dentro. Abascal vivió del PP vasco y luego vivió del PP de Madrid y finalmente descubrió que lo mejor para vivir era montar un nuevo partido; no le gusta la «derechita cobarde» ni la «veleta naranja», pero gobierna con ambas en varios sitios.

Rivera es un mal ejemplo, pero es un ejemplo. Un paradigma de la incoherencia, el bloqueo, la vejez política, la anteposición de la supervivencia personal a los intereses colectivos y otros adornos de una generación de políticos que nos ha abocado a una grave situación de vértigo. El batacazo de Rivera el domingo obliga a susurrar a los otros cuatro: «Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar».

* Licenciado en CC. de la Información

 
 
1 Comentario
01

Por vistacorta 8:30 - 12.11.2019

A dios Rivera